El camino del Héroe -primeros pasos-

El mundo en el que vivimos es percibido por muchos como un mundo en decadencia. Miramos al pasado o al futuro en busca de épocas gloriosas donde el hombre podía o podrá libremente recorrer un camino que le acerca a los dioses. Todas las civilizaciones , al igual que los seres vivos, pasan por los diferentes estadios de nacimiento, crecimiento, establecimiento, decadencia y muerte. Sólo unas pocas han podido pasar del estadio de decadencia a nacimiento de nuevo. Han evitado la desaparición haciendo acopio de los propios recursos de creatividad para transformar la espiral descendente en un círculo. Pero por muchos círculos que tracemos, la entropía acaba apareciendo de nuevo para seguir el camino de la espiral hacia el vacío.

El siglo XX, en occidente, se desarrolló muchísimo tanto la narrativa épica fantástica como la ciencia ficción. Esto no es una casualidad, al igual que las novelas de caballerías aparecieron al final de la edad media o las grandes tragedias griegas en los momentos decadentes de las polis. Los poetas, almas sensibles de sus tiempos, detectan el encumbramiento de valores negativos cargados de dolor como el egoísmo, la ambición, la envidia o la codicia. Entonces emplean la metáfora para hacer digerible su mensaje moral envolviendo con un halo de belleza su contundente medicina para el alma.

Las corporaciones dominan el mundo de hoy en día, no los hombres. Si bien es cierto que las corporaciones están formadas por humanos, los ideales de estas están por encima de los humanos y los esclaviza. Tanto a los que están a arriba de la pirámide como a los que se agolpan en su base. No hay un  límite ético a los actos que una corporación realizará para hacer perdurable su existencia en el tiempo. En su lucha por la permanencia no escatimará esfuerzos para abarcar más nichos de poder, desoyendo las leyes pendulares o cíclicas del universo que anuncian su muerte desde el mismo momento de su nacimiento.

Muchas veces usamos esas mismas corporaciones para definirnos a nosotros mismos. Una corporación es una sociedad, una patria, una raza, una religión, una clase social, una empresa… Cualquier grupo humano que se aglutina bajo el estandarte de una idea se transforma en poco tiempo en una corporación. Hay tantas corporaciones como ideas enfrentadas. Y el dolor continúa in eternum.

Vivimos en mundo carente de liderazgo, donde una enmarañada red corporativa va frenando todos los esfuerzos libertarios de los seres que lo habitamos. Apelo al héroe interior que todos tenemos en el fondo del alma para que mejoremos el mundo en que nos ha tocado vivir. No podemos aspirar a ayudar a nadie si previamente no aprendemos a ayudarnos a nosotros mismos.

Eres un imperio en ti mismo y ya es hora que lo pongas en orden si aspiras a vivir en un mundo mejor algún día. Todas y cada una de tus células forman parte de ti, ha llegado el momento de amarlas a todas y cada una de ellas. ¿Cuál es el tipo de gobierno que rige tu imperio? ¿Eres un hedonista que sucumbe a todas las peticiones de tus súbditos, comiendo, bebiendo, llenando de toxinas tu bello cuerpo para transformarlo en una masa blanda de grasientas fibras? ¿O por el contrario eres un fascista con tus propias fibras y les niegas su sustento espiritual de felicidad a base de duros trabajos físicos para agradar más a otros imperios cayendo en múltiples reacciones rebeldes de tu cuerpo en forma de ansiedad o cáncer? El gobierno perfecto no existe, pero si existen maneras de gobernar que minimizan las reacciones adversas y permiten que el imperio fluya con el Tao. Como dijo Aristóteles, todo en su justa medida, todo en su punto de equilibrio. Una constante conciencia de ese equilibrio te permitirá darte cuenta cuando caes a un lado u otro de la balanza. El equilibrio trae estabilidad y la estabilidad trae felicidad.

Si como gobernante de tu propio ser consigues aceptar que tu imperio va a nacer, evolucionar y desaparecer como el resto, ya tendrás mucho ganado para mejorar las relaciones con todas y cada una de tus partes.

Empieza mirándote en el espejo. Eres pura belleza. Hasta dónde has permitido que otros rijan tu imperio transformando esa belleza en deformidad? No me importa tu edad, tu sexo o tu físico, eres pura belleza. ¿Eres capaz de verla? ¿Eres capaz de ver el potencial que tienes para llegar al máximo exponente di ti mismo? No quiero que mires a otros humanos ni que te compares con ellos. Sólo necesito que te valores a ti mismo. ¿Qué puedes mejorar? ¿Qué puedes aprender? Adelante, avanza hacia ese nuevo ideal físico de ti mismo, no dejes que nada te prive de mejorar día a día tus propias estructuras corporales. He conocido ancianos de ochenta años mucho más sanos que hombres de sólo cuarenta.

Pero no sólo de infraestructuras se forma un imperio, es hora de sentarte y cerrar los ojos. Esta vez al espejo que vas a mirar es el del alma. Procura no hacer ningún valor moral de lo que percibas. Haz un repaso de tu vida, ¿ves algo que no te guste? ¿Cómo te ha afectado? ¿Das importancia a lo que otros piensan, o por el contrario eres un ególatra sin empatía que no se ve afectado por los otros imperios? Todos tenemos un código moral, aunque por mucho que se empeñen algunos filósofos y moralistas, ese código no puede ni debe ser unánime. Pero un código de mínimos seguro que todos lo podemos comprar.

Hay algunas frases que creo que traen algo de luz al mundo. Una de ellas dice aproximadamente: No hagas a los otros lo que no desees que te hagan a ti. Cuanta belleza y sentido tienen estas palabras. Qué enseñanza tan sencilla y a la vez tan sublime. No puedo esperar que todos tengamos los mismos gustos, pero estoy convencido de que si esta frase la incorporas a todas tus acciones conscientes, el dolor que emanará de ti hacia los demás será mínimo. En mis sueños más utópicos he vislumbrado un mundo donde todos nos regimos por este simple aforismo.

Ese mirar al propio espejo del alma es uno de los principios más importantes para ir adquiriendo conciencia. Me refiero a la conciencia propia, no la corporativa ya sea patriótica o de clase o del tipo que sea. Debemos percibir el propio dolor, para así poder calibrar su origen y a la vez poder ir apartándolo poco a poco de nuestra vida y de los que nos rodean.

Esa andadura por los caminos de la propia moral y del equilibrio corporal es el que entiendo como el camino del héroe.  Quiero que seas el héroe de tu propia vida, tu propio líder. Amante con los que te rodean y amante de ti mismo, no de tu ego, sino de todas y cada una de las partes que componen tu ser. Para ello deberás mejorar algunas de ellas para ir acercándote poco a poco a tu propio ideal. Y así, algún día, como el mismo Heracles, en tu muerte subirás a formar parte de la constelación que los dioses dispongan para ti.

No demores tu camino, pues el tiempo que nos ha sido legado no es eterno. Una nueva era épica y heroica emergerá de las cenizas de esta decadente sociedad. Sé parte del cambio. Pido a los dioses que tu camino sea tan largo y glorioso como mereces.

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