Camino de Santiago – 2º día

Lunes 5 de abril

El sol empezaba a calentar la tienda de campaña hasta hacer imposible yacer en su interior y aun así me resistía a levantarme. Todos mis músculos pedían clemencia con agónicos gritos de dolor: ¡No te levantes! ¡Duerme un poco más! Acontenté a mis aliados fibrados hasta que el todopoderoso Apolo con muy poca magnanimidad hacia este pobre escriba desató toda su furia ígnea sobre mi ser. Una tienda de campaña es ideal para la noche estrellada, pero por el día es un infierno al que no puedes resistir muchos asaltos.

De mala gana salí del saco, y abrí la puerta de mi pequeño refugio de tela. Una vigorizante brisa me alentó a levantarme y a sentir el cálido beso de los rayos del astro rey. La aventura continuaba, y sólo había fallado a mi pronóstico de marcha diurna para el primer día por cuatro kilómetros. Los coches pasaban a pocos metros de mi levantando pequeñas ráfagas de viento que a pesar de todo agradecía. Me dispuse a poner en en su sitio mis cosas metiéndolas en la mochila por orden de posible necesidad durante la marcha. Olesa se encontraba a menos de una hora de camino. No me quedaba agua, y bajo el influjo solar la marcha se revelaba bastante costosa hasta la primera fuente que encontrara.


Después de aliviar en unos apartados árboles mis necesidades diarias de renovación interior más terrenal, me puse la mochila al hombro y me percaté por primera vez que había dormido a escasos metros de un zorro muerto. Para las mentes más nocivas no parecería el mejor de los augurios, pero para mi fue un honor haber sido custodiado por un espíritu del zorro en mi primera noche de camino. Hice una reverencia a la pequeña momia y le recé en agradecimiento por estar a mi lado en este momento inicial de la marcha. Cuando terminé me dispuse a proseguir la ruta.

Como comenté en el post anterior, cuando te mueves sin mapas estás lo más atento posible a las diferentes montañas o accidentes geográficos para mantener el rumbo. En este caso no parecía hacer mucha falta ya que estaba siguiendo una carretera, pero incluso así anima mucho ver como poco a poco esos elementales de la madre tierra se van acercando y agigantando paso a paso.

Era lunes, y la ilusión por llegar a Montserrat aceleró mis pasos hacia Olesa. Todo estaba cerrado, pues era el día de la Mona. La Mona no hace referencia a una figura simiesca sino a la tradición de regalar una tarta a los ahijados por parte de los padrinos. Me moría por conseguir algo fresco para beber, y no encontré nada hasta llegar a la mitad de la pequeña ciudad. Una pastelería hacía su domingo a costa de los padrinos de la villa. Compré una botella de agua y un Nestea bien fresco que vacié en un par de sorbos. Pedí a las amables pasteleras que me dejaran lavar los dientes en el baño, petición que no les costó nada aceptar teniendo en cuenta lmi pinta  de peregrino desesperado. Cuando estuve un poco más aseado les pedí por la mejor ruta para llegar a la montaña sagrada, pero sólo conocían la ruta en coche.

Seguí las indicaciones que me dieron hasta la carretera nacional y me dispuse a seguirla en dirección a Monistrol de Montserrat. No te puedes imaginar lo cansado tanto a nivel físico como anímico que es andar por una amplia carretera de dos carriles. Los quilómetros se suceden a duras penas pisando el duro asfalto, experto destrozador de pies, mientras los coches pasan a tu lado a más de cien kilómetros por hora sin ningún esfuerzo por parte de sus áurigas. Mientras avanzaba pesadamente pensaba en la alegoría del mundo material en el cual todo parece realizable sin esfuerzo alguno y sin mérito para el que lo realiza. Esa falsa acusación a los pobres conductores, que no tenían ninguna culpa del voto de caminar de este peregrino gruñón, me servía para sacar fuerzas de flaqueza y seguir deambulando por los secos parajes.

Cuando ya había perdido toda esperanza de encontrar una alternativa a ese infierno asfaltado me encontré con un mensaje revelador en una de las placas de cemento que protegían la carretera de los corrimientos de tierras por la lluvia. El mensaje en poderosas letras de pintura amarilla rezaba así:

“Vé a misa, lee la Biblia o recorre el Camino.”

Cuando la fe ya no podía sostener mi cuerpo los dioses se encargaron de enviarme esa magnífica señal de aliento. Justo después de la pared de cemento, un escondido camino rural serpenteaba hacia las montañas del este, mientras que la carretera que llevaba a Montserrat cruzaba un enorme puente suspendido hacia el noroeste. No sabía si el nuevo camino me llevaría al monasterio de Montserrat, pero si sabía que no era de asfalto y que no era recorrido por tránsito rodado. Los dioses habían hablado.

No había caminado ni dos quilómetros por la nueva ruta y ya me sentía completamente renovado. Como Dante cruzando las puertas del infierno y el purgatorio hacia el Cielo, así me sentía en mi solitario andar por el monte. Ahora sí: El Camino de la felicidad había empezado mostrándome toda la belleza de sus paisajes. A unos cientos de metros a mi derecha y a unos cincuenta hacia abajo, un río brillaba bajo la transitada carretera mientras en mi errar me alzaba hacia los cielos.


Un ladrido me sacó de mis meditaciones cuando en una curva, de la nada, apareció un siniestro edificio que había sido un antiguo balneario, la Puda. Al primer ladrido se le sumaron dos más que no cesaron hasta que me alejé hasta detrás de unas rocas a descansar.  Debían los perros de los cuidadores de la ahora apartada vivienda. La hiedra cubría la mayor parte del que en sus días debió ser un concurrido balneario para que veranearan las clases pudientes de Barcelona.

El viento empezó a soplar de nuevo y las primeras gotas anunciaron que el infierno ígneo llegaba a su fin. Me puse el impermeable y agradecí sentir un poco de frío cuando, al cruzar las rocas y el cambio de rasante, me encontré con un paisaje completamente distinto. De los arbustos secos de la primera parte del día pasaba a un bosque caducifolio primaveral completamente verde y exuberante. Había empezado a bajar, y me acercaba cada vez más al río. Vi preciosas praderas verdes que, como si de las sirenas del navegante Odiseo se trataran, cantaban mi nombre para que parase a reposar en su regazo. Sólo la voluntad de cumplir el deber que me había impuesto para el segundo día me permitió avanzar hacia mi destino.

El camino que antes había subido varios centenares de metros sobre la carretera ahora discurría por debajo de ella al otro lado del ancho río, que me preguntaba como cruzar. La respuesta no tardó mucho en hacerse notar cuando un hercúleo puente de hierro colado, que colgaba unos veinticinco metros por encima mío dirección Montserrat, salió de entre la bóveda arbórea. Me encontraba en los faldones de la montaña y ya podía sentir el influjo de las energías que se desprenden de tan gloriosa sierra.

Subí los escalones que encontré más allá del puente hasta una caseta que resultó ser el aéreo de Monistrol. Éste sube a los visitantes directo a la basílica para que puedan adorar a la Moreneta, una virgen negra.


El cuidador del aéreo resultó ser un antiguo peregrino de Santiago, que al ver  y levantar mi mochila, que en total pesaba diecisiete quilos, me reveló que jamás llegaría a mi destino si no la vaciaba.  Un poco desolado por el obvio descubrimiento bajé de nuevo las escaleras y me dirigí a plantar la tienda en una de las praderas que había descubierto un kilómetro atrás. Ya empezaba a oscurecer, y tenía que tomar una importante decisión. O seguía mi camino tozudamente con semejante carga o perdía un día entero cogiendo el tren de Monistrol a Barcelona, de allí a Sant Cugat y vaciaba la mochila en casa de mi madre.

Creo que tomé la mejor decisión al tragarme mi orgullo y perder un día entero en ir y volver a casa. El tercer día lo sentí como una derrota, pero era la derrota que me llevaría a la victoria, pues un buen general debe saber cuando lo exigido a sus tropas es demasiado. No voy a extenderme en este tercer día, sólo añadiré que comí como un rey y que me sentí renovado al ducharme y parecer de nuevo una persona. Vacié la mochila hasta quedarme con lo que relaté en el primer post y volví al camino con nuevas fuerzas exactamente donde lo había dejado. Montserrat me esperaba, pero eso ya es otra historia…

Gracias por haberme acompañado hasta aquí, uno de los momentos en que sentí más de cerca la derrota, y aprendí a cambiar mis planes gracias a la sabiduría de un maestro que ya había recorrido mis pasos. A todos los maestros del camino, tanto humanos como divinos, agradezco las enseñanzas que aprendí en esta aventura.

¡Basta por hoy! Me aburre escuchar tanto mi voz, ¡bebamos y dejemos que otros cuenten ahora sus historias! Avivemos de nuevo las brasas para que el frío no cale en nuestros huesos y disfrutemos de las narraciones mientras los espíritus del bosque se reúnen a nuestro alrededor!

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7 respuestas a Camino de Santiago – 2º día

  1. ^^

    me ha encantado
    sigue porfavor!

    • daegorth dijo:

      Buenas ReV! Gracias por los ánimos! ^^

      Ahora tengo mucho curro pero me acaban de devolver el acceso a internet en casa. A ver si en un par de días me curro el tercer post del camino. Tampoco quiero presionarme mucho, es como el camino físico. Me obligo a ciertas metas, pero escucho tanto a los “dioses” como a mi corazón a la hora de narrar esta aventura.

      Un abrazo, siempre eres bienvenido a sentarte en esta hoguera.

      PD. ¿Sabes como hacer para ver a los cinco enlaces del blogroll? Sólo veo 3. :/

  2. ElRisco dijo:

    Hola Daegorth, me encanta tu forma de narrar, es límpia y muy elaborada. Se nota que te has cultivado.

    Seguiré todo lo que publiques porque me parece muy interesante.

    Sólo dos cosas:

    “Ves a misa, lee la Biblia o recorre el Camino.”

    Lo de “Ves” denota que lo ha escrito algún catalán, porque es “Vé”. Suele pasar, yo llevo varios años viniendo a Barcelona y lo he escuchado infinidad de veces. O eso o has sido tú al transcribirlo 🙂

    La otra cosa es…el balneario que mencionas ¿ queda a mano derecha yendo dirección Montserrat verdad ? En su fachada hay un enorme cartel que pone ‘ Prohibido el paso ‘. Si es ese lo recuerdo perfectamente ya que hace muchos años hice una caminata Barcelona-Montserrat con unos colegas y es uno de los lugares más tétricos que he visto.

    Abrazos y sigue así.

  3. daegorth dijo:

    Jajaja
    Hola ElRisco, ¡bienvenido a la hoguera!
    ¡Muchas gracias por los ánimos y las observaciones! Sobre mi manera de escribir, pienso que deja mucho que desear, pero espero que este blog me ayude a pulirme y aprender el arte de narrar. He leído bastante, pero por desgracia mi limitada mente olvida demasiado rápido.

    Algún día lo reeditaré, pero el uso de palabras repetidas (recorrido, ruta, magnífico, poderoso..) demuestra que soy un pelele en este arte. Quizás si tuviera menos prisa en postear lo que escribo quedría bastante mejor. También ayudaría tener más tiempo para no narrar mis historias sólo cuando agonizo de sueño por las mañanas (duermo por las tardes y trabajo de noche).

    Sobre las catalanadas, aquí no tengo nada que pueda argumentar en mi defensa 😀 Soy catalanoparlante y esa es mi lengua materna, así que de vez en cuando no puedo evitar decorar la lengua castelana. :p

    Recibe un cordial abrazo, compañero.

    PD. ¡Sí que es el balneario que comentas! Tiene toda la pinta. Si miras la ruta tiene que estar por allí.
    PD2. Post reeditado, ¡gracias de nuevo!

  4. El Chamán dijo:

    Quien pronuncia palabras pone en movimiento potencias, desencadena otras fuerzas, otras palabras en el aire, y ya nunca conocerá su término.

    Las palabras no son únicamente palabras.

    • daegorth dijo:

      Tus sabias palabras son siempre bienvenidas en esta cueva. Las ideas detrás de esas palabras aún lo son más. ¡Que nuestro camino sea próspero en palabras y experiencias!

      Un fuerte abrazo.

      PD. Echo de menos tus escritos, ojalá nos vuelvas a iluminar pronto, compañero. Has borrado tus huellas, espero que sea para volar más alto que nunca. Si creas algo nuevo avísame, por favor. Te enlazaré de nuevo.

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