El camino de Santiago – 4º día

Miércoles 7 de abril

Llegué en tren al aéreo de Monistrol hacia el mediodía, con los ánimos bien ligeros, al igual que la nueva mochila. Fue un día nublado en la zona de Montserrat, un día que llamaba al recogimiento y a la meditación. Me encontré de nuevo con el señor Eduard, el agente de estación del aéreo que había hecho el camino años atrás. Por desgracia, mi diario de peregrinaje lo dejé en Barcelona, y no puedo recordar todos los nombres de las personas que me ayudaron en el camino, por lo que alguno será substituido.

El señor Eduard me invitó a subir gratuitamente a la cabina del aéreo, pero rechacé amablemente la invitación puesto que ya había tenido un día de descanso y no quería abusar de la amabilidad de los dioses. Ya era mucho el hecho de haber sido bendecido con sus conocimientos, que permitieron que aligerara mi carga física. Montserrat merecía el pequeño esfuerzo de subir por su ladera nororiental por el “Camí de les Aigües”. Eduard, después de poner una pequeña dedicatoria en mi diario, me indicó como coger la ruta más corta pero más empinada hacia el monasterio.


Este camino bastante vertical iba jalonado por las tuberías de agua que recogían el agua de la montaña. También llamado “Camí de les Canals” se recorre en menos de dos horas por un sendero con unas escalas muy escarpadas en su parte final. Como disponía de todo el tiempo del mundo lo realicé en tres horas puesto que hice dos paradas largas para fumar un poco, disfrutando del paisaje.

Crucé el puente hasta la carretera y seguí avanzando unos centenares de metros hasta una casa de color carne desde donde salía la senda de les Canals. Al poco de dejar la carretera, una fina lluvia empezó a caer, mientras me iba agarrando a los lados del camino en diferentes rocas para no perder el equilibrio. En menos de una hora llegué a una pista forestal que podía ser transitada por vehículos, donde hice la primera parada. Desde la roca donde me había sentado veía el río con sus amplios meandros atravesando los secos páramos, y en la distancia podía ver las nevadas cumbres de los Pirineos. Después de haber descansado mi dolorida espalda – los primeros días es cuando más duele el poner a tono la musculatura del cuerpo- seguí la senda hasta una pequeña caseta donde empezaban los escalones. Fuí ascendiendo poco a poco al mítico reino de Titania.

En ese punto de la umbrosa de Montserrat, la humedad obra un mágico cambio en el paisaje, y la flora va dando paso a una verde exhuberancia que uno no esperaría encontrar. La fina lluvia en estas alturas se iba transformando en una ominosa niebla donde las fantasmagóricas y retorcidas ramas de las encinas se me antojaban los brazos de los ents conscientes, pero largamente dormidos de Tolkien. Pequeños regueros de agua cristalina descendían por las rocas mientras mi imaginación volaba entre las volutas del blanco velo de Arcadia. Podía escuchar las risas de las hadas mientras agradecía a los dioses poder disfrutar de esos instantes. Aquí es donde, empapado como estaba por el sudor y la lluvia, me otorgué el derecho del segundo descanso.


Después de rodear una de las redondeadas rocas que han hecho famosa la montaña, me encontré el camino empedrado que va serpenteando unos centenares de metros hasta la estación superior del aéreo. Caminé hasta la plaza de la basílica sin saber muy bien donde dormiría. Mis cosas estaban completamente empapadas, y la lluvia no se veía con muchas intenciones de hacer una pausa. Unos chicos de unos veinte años recién cumplidos se acercaron desde uno de los edificios adyacentes al monasterio y me saludaron efusivamente. Les pregunté por las celdas de peregrinos sin muchas esperanzas de poder dormir en una de ellas. Me indicaron una puerta donde encontraría al padre Romà, encargado de los peregrinos.

La puerta estaba cerrada, por lo que mis pasos se adentraron hacia el patio anterior a la basílica. El olor a combustión de la cera de los cirios me atrajo hacia una especie de falsa cueva al lado de la puerta de entrada principal. No había nadie. El repiqueteo de la lluvia y las tintineantes sombras de los centenares de velas encendidas transportabaron mi alma a un estado alterado de consciencia en el que me sumergí en las corrientes del inconsciente. Mientras avanzaba por ese pasadizo lateral iba leyendo los diferentes rezos a la Virgen distribuidos por las paredes. El culto a la Virgen no fue oficial para los católicos hasta la Edad Media, y puedo ver en él un remanente del culto a Gea. No sé exactamente que me ocurrió al terminar de leer para mis adentros todos los rezos, pero el hecho es que me inundó una oleada emocional que me hizo sentir muy humilde y agradecido, y las lágrimas surcaron mi rostro en la intimidad de ese sacro lugar.

Aún embargado por la emoción entré a la basílica entendiendo el significado de la Moreneta, aunque no pueda transcribirlo ni lo desee. Su visión en lo alto, al final de las filas de bancos me llenó de fe y esperanza. Había unas cinco o seis personas distribuidas por todo el espacio. Como no me sentía digno, avancé por uno de los pasillos laterales y me arrodillé bajando la mirada al suelo. Llevaba la mochila y los palos. Junté los palos, uní los puños y le di las gracias por permitirme seguir mi camino y no el que otros habían trazado para mi. Me sentía tan libre que podía incluso llorar en silencio sin sentir vergüenza por mostrar tal “debilidad” a las personas que se encontraban en el recinto. Salí de nuevo al patio y una vez secadas las lágrimas me dirigí de nuevo a la puerta del edificio de los monjes. Estaba abierta esta vez.

Entré sin hacer mucho ruido puesto que el ambiente era de una serenidad absoluta. Un monje muy amable me hizo esperar unos minutos hasta que el padre Romà  apareció. Por sus serios modales me pareció que le molestaba mi profana intrusión a tan sacras tierras.  Pero nada más allá de la verdad, me preguntó si había reservado celda. Le dije que no y que ni si quiera estaba seguro de poder dormir en una de ellas pues no era ni cristiano ni católico. Se dibujó una sonrisa en el hierático rostro del monje y me indicó que no había ningún problema, los peregrinos podían dormir un día gratuitamente en el monasterio.

Muy agradecido, fui a la celda que me habían indicado, dejé mis cosas y fui a ducharme. Una vez renovado por dentro y por fuera conocí a los chicos que me habían saludado al principio, con los que compartía celda. Tenían la intención de recorrer en bicicleta el camino hasta Fraga y volver a Barcelona en tres días. También conocí a una mujer francesa, muy mayor, que venía a Montserrat a empezar su camino. Pero ese día, la persona que más me chocó fue Santiago, oriundo de L’hospitalet, miembro de la asociación “Amigos del Camino”, que tenía la intención de recorrer en los siguientes años todos los caminos de peregrinaje de la península. Tenía una multitud de mapas y conocimientos, y era toda una fuente de información.

Como estaba muerto de hambre, fui al restaurante a pedir si me vendían un poco de pan. Era el clásico restaurante de lujo, pero debían estar acostumbrados a los peregrinos, por lo que me vendieron una bolsa de panecillos por un euro. Los dioses seguían sonriéndome, por lo que compartí los panecillos con los compañeros y estuvimos hablando de nuestras intenciones en las futuras fechas. Todos sin excepción me dijeron que era una locura ir sin mapas por la ruta que tenía en mente y que valía más la pena recorrer la ruta típica de Santiago. Mi intención era ir hacia el Montseny, pasando por Sant Llorenç de Munt, y después ir hacia Ripoll, al norte, para visitar el santuario de Montgrony. De allí ir hacia Lourdes y seguir el camino francés. Aunque no crucé los Pirineos para ir a Lourdes, no me arrepiento de haber elegido, en Montserrat, seguir mi ruta y no la oficial. Era un camino solitario, lleno de mágicos momentos que no hubiera cambiado por nada del mundo.


Ya había oscurecido cuando me dirigí de nuevo a la basílica, pero esta vez estaba cerrada. Anduve por el pequeñísimo claustro partido, reminiscencia del antiguo templo gótico, admirando los capiteles y los arcos. El patio era todo mío, por lo que pude disfrutar, ahora sin lluvia, de la magnífica fachada. En el suelo había una inscripción en latín en un círculo dividido disimuladamente por el exterior en doce zonas. Otro vestigio difícil de ocultar del culto solar pagano del que procede la iglesia  católica. Y fue entonces cuando del interior del edificio, unas voces angelicales empezaron a cantar alabanzas a su dios. Me sentía un poco voyeur sentado en la puerta, acechando la intimidad de esos monjes que cantaban para mayor gloria de sus santos. Escuché embelesado todo el concierto, que duró casi una hora. Me sentía tan bendecido que me avergonzaba de mi suerte.

Al terminar fui a descansar a la celda ya que mañana sí empezaba el camino de verdad, mi camino, que dirigiría mis pasos hacia el este primero y luego al norte para finalmente volver al oeste siguiendo la senda de las estrellas de la Vía Láctea. Este día fue de viaje más interior que exterior, pero merecía un post por si mismo puesto que de él dependía seguir mi ruta o la ruta que la sociedad había trazado.

Alzo en silencio una copa a la diosa y a todos los dioses en esta noche encantada. Dejemos que el silencio cubra nuestros momentos de soledad y que estos sean tan plenos como los que compartimos con las personas queridas. Hoy estoy solo en la hoguera, y casi no puedo distinguir tu rostro puesto que las brasas se han extinguido. Te pido que no me lo tengas en cuenta. Todas la bendiciones sean para ti, caminante.

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4 respuestas a El camino de Santiago – 4º día

  1. Gracias por continuar mostrando con esa claridad los recovecos de tu viaje.
    Desde mi punto de vista, eres la persona que he conocido en estos cibernéticos lugares que mejor es capaz de transmitir en palabras sus sentimientos, y eso es un don que no muchos poseen.

    Tanto me sorprende tu humildad para con los Dioses (quizás porque a mi me cuesta mucho es parte) que a veces he llegado a pensar que te tomas pequeñas licencias literarias para adornar los textos, pero luego sigo leyendo y veo que mágicamente, estamos atravesando los mismos lugares.

    Antes de ir a Ibiza, visité Montserrat con mi madre y su novio y me pasó lo mismo cuando entré en contacto con los escritos a la virgen en las losas de las paredes.
    No sé como, en ese instante supe que todos mis actos pasados, presentes y futuros, sólo ocurren por una razón. No es la primera vez que cruzamos camino y eso me parece místico, mágico y sobretodo maravilloso.

    Esa foto de las escaleras que pones, me recuerda (quizás demasiado) a las escaleras de Macchu Picchu, y dime excéntrico, pero creo que esas dos montañas se conocen; o al menos, la energía que fluye de ellas es sumamente parecida…

    Te admiro por seguir tu propia ruta y no la ruta prefijada y espero (sin impaciencia, pero estando al loro) tu próxima entrega.

    Abrazos y Éxitos
    PD: He soñado muchas cosas esta noche. Ha sido abrumador. Una de ellas es que alguien me decía que ya no estabas en Mexico. No sé que significa del todo, pero te lo quería transmitir.

    • daegorth dijo:

      Uau, ReV. No te puedes imaginar hasta qué punto me reconfortan hoy tus palabras.

      Me parece un sincronismo increíble que hayas pensado en Machu Pichu, pues mientras escribía pensaba EXACTAMENTE lo mismo. Pienso que hay lugares en la tierra con energías muy similares. Son templos naturales en los que cuando afinas tus sentidos, te embargan sentimientos de unión con el Todo. Sin querer parecer newager, como ya expuse en el post de agnosticismo/paganismo, creo, todo tiene un sentido.

      Sobre México y mi actual trabajo, es un regalo/prueba de los dioses. Cobramos mucho, y en sólo un año hay posibilidades de ascender y cobrar un 50% más. Estoy delante de una disyuntiva, pero la semana pasada les confirmé a mis jefes que sólo voy a permanecer un año y que luego viajaré por centroamérica hasta Perú de nuevo. Así que efectivamente no tardaré muchos meses en abandonar México. He tomado mi decisión, y sé que desde el punto de vista materialista de esta sociedad es una locura bohemia, pero SÉ (gracias a esa fe autosugestionada que fabriqué para mi hace años) que los dioses aprueban todas las decisiones. Cuanto más valerosa sea una decisión, más peligros y recompensas encuentras en el Camino. Los peligros te hacen crecer y aprender, y las recompensas te permiten el lujo de mantener la fe.

      Un abrazo, caminante, has encendido de nuevo las llamas de la hoguera que parecía extinta.

  2. Para eso sirve el fuego también, compi de viaje
    😉

    No sé que va a pasar en los próximos meses con mi rumbo, y ahora estoy en fase de letargo (por decirlo así) pero noto dentro de mí como toda aquella tierra me llama insistentemente.
    No tengo idea de como va a terminar esta historia, pero tampoco quiero ver el final. Yo lo que quiero es ayudar a conseguir que la nueva historia comience. Para ello son necesarias nuevas formas de pensar y creo que lo estamos consiguiendo (aunque el lado oscuro esté ahí como siempre, intentando enturbiarlo todo desde dentro de uno mismo), lo que no quiere decir que no haya que trabajárselo a cada minuto y no parar aunque el plan parezca descabellado e irrealizable.
    Espero, ya que estas en las mismas situaciones que yo pero un año antes (xD), que mis problemas económicos se resuelvan de cara a esta nueva temporada y consiga desplegar todo mi poder completamente para poder operar en un terreno mucho más amplio y directo que el actual.
    Una cosa está clara. El Futuro está en el pasado.
    En un punto anterior a la evolución en un empresario desalmado y un pueblo sin corazón.
    America del Sur está atravesando esa serie de cambios y desde mi punto de vista (y de otros muchos) es parte del planeta es el futuro simbólico de la nueva raza humana.
    Mismos cuerpos, mismos colores, mismo amor.
    Cero Odio.
    Es la hora de encender todas y cada una de las bombillas del viverso absoluto.

    Nos vemos en la red
    😉

    • daegorth dijo:

      Las pausas en el camino son las que nos dan las fuerzas para llegar a nuestro destino. Estoy seguro que no tardarás mucho en emprender ruta de nuevo.

      No te dejes engañar por las apariencias, no hace falta mucho dinero para llegar a cumplir los sueños. Cuando recorremos la senda hacia ellos el dinero fluye lo suficiente. El universo es abundante aunque los de arriba de la pirámide nos quieran convencer de lo contrario.

      Sigue tus instintos, haz alianzas temporales con tus ángeles y tus demonios. Elige el futuro que quieres para ti. Al desconocer nuestro futuro, éste se vuelve maleable. Que no sean otros alfareros los que lo moldeen por ti.

      Un abrazo y mis mejores deseos para ti ReV. 😉

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