El Camino de Santiago – 6º día

Viernes 9 de abril de 2010

Esta vez no fue el sol quien me levantó, sino los gritos de una horda de niños salidos del infierno que irrumpieron en la explanada que se extendía detrás de la tienda de campaña. Salí del saco, me adecenté un poco y empecé a empaquetar mis cosas de nuevo. Me sentía feliz porque la noche anterior Neus me había comentado que el sello de la casa de l’Obac estaba en la otra casa, guardado bajo llave en un armario. Sólo si tenía la suerte de que viniera una escuela podría obtener dicho sello para la credencial. Los dioses, siempre tan atentos.

Una vez hecha la mochila pedí a una de las profesoras, previa explicación de qué hacía allí durmiendo en una tienda de campaña, el sello de la casa. Me dijo que hablara con la coordinadora, la cual, muy amable, accedió a la concesión. Visiblemente contento con mi nuevo sello, -tanto en la credencial como en mi diario de viaje- fui a despedirme de Neus. Fue una despedida emotiva y mágica, con los consejos típicos de una madre hacia su hijo (adoptivo por un día). Al salir de la casa ya no oí los gritos de los niños, puesto que habían emprendido la excursión por los senderos de la sierra.

Cuando volví a por mi mochila, en el césped, me encontré a un chico de unos veintitantos  años que estaba haciendo estiramientos de piernas. Por sus ropas verdes y su constitución atlética, a primera vista, me pareció un posible agente rural. Lo había empaquetado todo menos la tienda de campaña, y ya era más tarde de las nueve, de manera que estaba prohibida la acampada libre a esas horas. Me acerqué a saludarlo, y a darle las explicaciones oportunas, si era necesario. Pero resultó que no era un agente. Isaac, como se llamaba el supuesto agente, resultaba ser un mecánico de Terrassa aficionado a las carreras de largo recorrido como la Matagalls-Montserrat. Nos reímos con mi confusión y se ofreció a acompañarme parte del camino hacia La Mola, que coincidía con el retorno a su ciudad. Él conocía perfectamente la sierra y me dio unas indicaciones muy buenas para llegar al monasterio de Sant Llorenç de Munt por la mejor ruta.

Andando dirección este-sureste fuimos avanzando a los muchachos más rezagados poco a poco hasta superar de nuevo a las profesoras que iniciaban la marcha infantil. Fuimos dejando atrás el griterío y empezamos a disfrutar de nuevo del canto de las aves y el zumbido de los insectos. Finalmente llegamos a un cruce de caminos por donde Isaac volvería a Terrassa. No se despidió sin antes ofrecerme su bebida isotónica, unos sobrecitos de azúcar por si me fallaban las energías en algún momento del camino y una crema para evitar las rozaduras y las ampollas. Agradecido, le prometí enviarle un sms si llegaba a Santiago. Nunca lo mandé – bajo la excusa de que no había llegado tan lejos-, de manera que este post es mi pequeño tributo a su amabilidad.


Seguí sus indicaciones hasta llegar al “pou de glaç”, una especie de búnker usado para almacenar hielo del siglo XVI. Se me antojaba una construcción feérica constrida por los gnomos. Traté de recordar si una vez en el pozo de hielo debía dirigir mis pasos por el sendero de la derecha o el de la izquierda. Debería de haberlo apuntado, ya que la ruta hubiera sido más bonita. Del “pou” debería dirigirme a las “tres creus” (tres cruces) y de allí al Coll d’Estenalles para dirigirme hacia la Mola.

Lamentablemente elegí seguir hacia la derecha esperando infructuosamente encontrar el cuello de las Tres Creus. Fui descendiendo hasta darme cuenta, demasiado tarde, de mi error. Siguiendo mis propias reglas de no retroceder jamás camino, seguí la ancha pista forestal que había encontrado y fui bajando hasta llegar a la colonia de Matadepera. Hacía años había ido en coche por la colonia para llegar al pie de Sant Llorenç de Munt, de manera que fui vagando por entre las lujosas casas hasta llegar finalmente al inicio de la pista que me llevaría a la Mola.

Empecé a subir por el “camí dels monjos” – antiguo camino que seguían los monjes que iba de el monasterio de Sant Cugat hasta el pequeño monasterio de la Mola-. Subiendo por ese sendero, recorrido por muchas generaciones de monjes en el pasado, me sentía en una especie de trance místico en el que era uno con los animales y árboles de la zona. Salí de ese estado al cruzarme con dos excursionistas. Les salude vagamente con una mirada soslayada, cuando de pronto uno de ellos me saludó por mi nombre. Sorprendido de encontrar a alguien conocido en el camino, lo miré atentamente. ¡Claro que lo conocía! Era Jordi, uno de los socios de la Panxa del Bou, un club de escalada de Terrassa al que había ido varias veces ese año. Fue un encuentro inesperado y muy grato. Él y su amigo se dirigían a escalar alguna de las verticales paredes de la sierra.


No tardé en llegar a la cima de la Mola. Las vistas hacia el Montseny o los Pirineos dejaba sin aliento. El pequeño monasterio románico me esperaba, mágico y encantado.  Desde casa siempre admiraba las dos cimas de las montañas sagradas que me insuflaron energía cada mañana durante la infancia. Y ahora, por fin, había reunido las fuerzas y el tiempo suficientes para peregrinar hasta ellas. La Mola no es un pico muy elevado, pero se encuentra en medio de la plana del Vallès. Desde su cima se puede trazar la vista de la sierra litoral, Montserrat y los Pirineos como telón de fondo de ese mágico teatro que es mi amada  tierra natal. Es ahora que vivo tan lejos de casa que más aprecio sus sinuosas sierras, las aguas del Mare Nostrum y sus, a veces, estrellados cielos.

Me dirigí hacia las puertas sin mucha convicción, pero por primera vez en muchos años de visitas en malos días u horas, el portón estaba abierto. Dejé la mochila en la portalada románica y me dirigí al interior del recinto. Era un patio amurallado con tres edificios: un restaurante, una vivienda y la ermita en si. La puerta de la ermita estaba abierta y me dirigí al interior de esa cueva artificial. Encontré una moneda en el suelo y la deposité en el altar. Recogí unos plásticos de piruleta que algún niño despistado había tirado en el sacro suelo y me arrodillé ante el ara. Recé dando las gracias a los dioses y a todas las generaciones humanas que me habían permitido vivir ese sagrado instante. Al cabo de unos minutos me levanté y fui a comprobar que la mochila seguía en su sitio. Los temores de la ciudad tardan en abandonarte aunque recorras la senda de los iniciados.

Con la cartera en mano, me dirigí al restaurante para comprar un poco de pan y una bebida caliente, pues el frío había hecho acto de presencia durante el descanso. La elección fue un Cacaolat bien caliente con el que calenté mis manos mientras miraba por el amplio ventanal como pastaban los caballos. Unos cuervos jugaban revoloteando entre los equinos mientras los últimos rayos del sol teñían el cielo de iridiscencias rosadas y anaranjadas. Cuando hube descansado lo suficiente le pedí pan al cuidador del recinto. Conversamos un rato y me explicó la mejor ruta hacia el pueblo de Sant Llorenç de Savall era pasando por el pie del Montcau. Bajaría al pueblo por el coll d’Eres. Cuando se marchó a la cocina para buscar el pan me distraje aprendiéndome tan bien como pude el gran mapa de la zona que había colgado en una de las paredes. Al volver me sorprendió muy gratamente regalándome suficiente pan para la noche y parte del día siguiente. Le pedí permiso para plantar la tienda en la pradera detrás de la ermita. Accedió con la única condición que la plantara en el lado oeste para evitar que los Mossos d’Esquadra la vieran desde la carretera de abajo por la mañana, porque le pedirían explicaciones.


En unos pocos minutos la tienda estaba plantada. Quedaba protegida por unos arbustos de las gélidas ráfagas de viento que el gigante Ymir enviaba para doblegar el espíritu de quien osaba desafiarle. Cené fuera de la tienda ataviado con el jersey y el chubasquero a modo de paravientos. Devoré unas suculentas rodajas de pan con atún que me revivieron junto a la manzana que me había regalado Neus la noche anterior. Mientras cenaba, las luces de los pueblos se fueron iluminando a mis pies mientras las montañas de los Pirineos se iban desdibujando en la oscuridad. Pensé en dos puntos de la sierra que me gustaría visitar: el Canigó y la sierra de Montgrony. Por desgracia el Canigó quedaba demasiado al oeste. Es una peregrinación que dejo para un futuro, junto a los castillos cátaros de Occitania. Mi mente deambulaba por la mágica atmósfera medieval del poema de Jacint Verdaguer y por la falsa pero épica leyenda fundacional de Catalunya cuyo héroe fue el gascón o aquitano Otger Cataló. Pensaba en la noche de vigilia de armas de los caballeros y las hadas como Flordeneu. ¡Que cerca me parecían ahora los mitos, y que lejos el mundanal ruido de la ciudad!


Con esos pensamientos me metí en el saco sin quitarme ninguna de las capas de ropa. Poco a poco entré de nuevo en calor y deje que el reino de Morfeo se fuera apoderando de mi.

Ha pasado demasiado tiempo desde la última historia que se contó en este pequeño templo, y por ello te pido perdón, caminante. Siéntate, por favor, en el fuego que he encendido con las ramas recolectadas estos días por el bosque del inconsciente. Que los espíritus de la noche nos bendigan bajo la sagrada puerta de Orión, que brilla majestuosa sobre nuestras cabezas.

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12 respuestas a El Camino de Santiago – 6º día

  1. elrisco dijo:

    Mestre, es una esquisitez leerte. He leido todas tus publicaciones y seguiré haciéndolo. Haces revivir en mí pretéritas sensaciones y eso me está alentando a llenarme de valor y volver al camino.

    Occitània es un lugar mágico que merece la pena recorrer.

    Abrazos.

    • daegorth dijo:

      ¡Saludos ElRisco!

      Me honra sobremanera qui mis burdas palabras se te antojen meritorias de ser leídas. Cuando mi moral defallece, siempre aparecéis los amigos de la red para insuflar nuevos ánimos a mi atribulada alma. Escribo sobre lo que viví con la esperanza de que a alguien -incluso a mi yo futuro- le sea de alguna utilidad para dar de nuevo el paso, y atreverse, aunque sea por un tiempo limitado, a trascender los límites que nos impone la sociedad. Es en estos viajes solitarios cuando me es más fácil conectar con el mundo y con mi interior. Navegar por las playas del inconsciente aventurándote en lo desconocido es un derecho fundamental asociado a la libertad.

      ¡Has escrito Occitània en occitano! Escribo los topónimos de Catalunya en catalán y sin embargo escribí Occitània en castellano. ¡Shame on me! Tienes toda la razón, es un lugar lleno de reminiscencias místicas que vale la pena recorrer. En el pasado lo hice en mi coche -el que vendí para venirme a México-, y es una tierra que me llena de recuerdos. Algún día volveré a pie a recorrer sus lomas.

      Escribir un blog es una tarea que noto que me resta energías, por lo que me obligo a escribir venciendo a mi demonio de la pereza. La verdadera fuente de energía de un blogger, se diga lo que se diga, radica en los comentarios de sus visitantes. Es por eso que os pido a tod@s que os animéis a escribir, aunque sea un sólo comentario diciendo: Saludos! Ver en las estadísticas las visitas diarias -muchas más de las que esperaba al iniciar el blog- no anima tanto como una sola palabra amable. Ya sé que lo que te pido, estimado lector, es como un chantaje emocional al estilo “o me escribes o no escribo”. Pero nada más lejos de la verdad. Me seguiré esforzando para relatar el viaje hasta el final, pero conociendo mis demonios, sé que será una tarea más sencilla y rápida si cuento con tu apoyo. Muchas gracias por estar aquí.

      Un abrazo también para ti, ElRisco, y para todos los que os pasais a husmear o comentar por estos lares.

      • En absoluto estoy de acuerdo con eso, de que la verdadera fuerza de un escritor en red esté en los comentarios que recibe o deja de recibir. Pero tal vez a los que eso les sucede lo viven así porque tienen un punto de control externo y no interno, y por eso se les da las gracias a los dioses o a Dios. Tanto da que da lo mismo… Pero te leo con mucha atención y me gusta seguirte, porque eres muy bueno. Como ser humano quiero decir. Como persona. Y eso se transmite. Y además me encanta tu manera de caminar… a tu puta bola. Un saludo.

  2. Fraggle. dijo:

    Pues aquí estoy yo también, siguendo tu camino.

    • daegorth dijo:

      Hola Fraggle!

      Gracias por dejar huella de tu paso por la cueva. Mi camino no existe, es nuestro camino. Gracias por acompañarnos en esta aventura.

      La verdad es que tardé varios años leyendo blogs antes de atreverme a decir nada en ninguno de ellos. Así que comprendo que no tengo derecho a presionar a nadie. Perdóname. Y perdonadme el resto :p

      Aun así, mil gracias por vuestras visitas y comentarios, me llenan de júbilo.

      ¡Hasta pronto! Un fuerte abrazo.

      Un fuerte abrazo.

  3. mysteryland dijo:

    Sigue adelante Daegorth, buenos textos, si señor. Vale la pena pasarse por aquí y serán muchas las veces que me verás 😉 .

    Y tienes razón: la fuerza de un blogger está en los comentarios de quienes se pasan por la bitácora.

    Saludos y gracias por tu escrito.
    JULIUS

    • daegorth dijo:

      Wow! Casi me quedo sin aliento, ¡menudo peso pesado bloggero! No tengo palabras para expressar el honor que me has hecho, no sólo visitando este pequeño enclave, sino dejando tu huella en él.

      Para quien no lo sepa Julius es uno de los grandes buscadores referentes en nuestro país de temas extraoficiales tanto para la historia como para las ciencias. Un gigante de la red. Si clickais en su nombre ireis a su web. Os recominedo TODOS los artículos en pdf de creación propia de Julius , que se encuentran colgados de su blog.

      Maldita sea, mis demonios de la gula y el ego se están dando un festín. Tardaré una temporada en bajarlos de nuevo al subsuelo del inconsciente. Muchas gracias a ti, eres un referente para todos. El escrito que dejé en tu blog sólo era una parte del agradecimiento por el árduo trabajo que has hecho durante los últimos años y que han abierto los ojos a muchos, entre los que me incluyo. A la mierda con los gurús de la falsiconspiranoia española, lo que se necesita en este país es más currantes de calle o laboratorio como tu. Ojalá vuelvas pronto a deleitarnos con alguna de tus investigaciones. Aunque no comparto ciertos aspectos de algunas de tus opiniones políticas escritas en algunos artículos (como tu visión de los nacionalismos periféricos), me encantaría poder tomar un café contigo cuando vuelva a Barcelona.

      Gracias por todo, y por favor, repiénsate lo de abandonar la esfera bloggera.

      Un abrazo,
      Jordi

  4. mysteryland dijo:

    Demasiadoooo… me has puesto ‘rojillo’…juuaaasss…. exageras amigo mio, exageras 😉

    Si un dia pasas por Barcelona, el café la copa y el puro… corren de mi cuenta.

    Abrazo y gracias por los ánimos pero… mi trabajo y familia me reclaman más horas de las que podía darles.

    JULIUS

    • daegorth dijo:

      jajaja, de exagerar nada de nada. Sólo dije lo mínimo que mereces. Está bien la modestia, pero tu curro a lo largo de estos años ha sido acojonante, así que un par de frases amables en un blog de uno de tus lectores es lo mínimo que mereces.

      Ojalá tengamos opciones de hacer ese café/copa/puro cuando vuelva por Barcelona. En un par de años creo que regresaré, a ver si hay suerte y no desconectas del todo de este, que es tu mundo. 😉

      Un fuerte abrazo! ^^

  5. mysteryland dijo:

    Juujujuju… dime por donde estás que lo mismo soy yo el que se larga de aquí… juuuaaasss.

    Esto está demencial, chico. De locura supina en decúbito prono… o sea: con el culo al aire.

    Saludetes, amigo.
    JULIUS

    • daegorth dijo:

      jajajaja ¿tan mal están las cosa por casa? Huelo revolución, espero que tengáis la paciencia suficiente para que pueda aportar mi granito! xD

      En marzo, con la primavera, dejaré la ciudad y el trabajo para ir a la zona de Chiapas para aprender de los indígenas y de los espíritus revolucionarios de México, para ir bajando hasta llegar de nuevo a Perú. En Perú un amigo me hablo de un intento de aldea ecológoca y me gustarrá ver como avanza su proyecto. En su anterior proyecto creó un campamento en el desierto para ir limpiándolo de basura humana (bolsas, plásticos y demás) y funcionó muy bien durante unos años. Siempre serás bienvenido si quieres visitar la zona del desierto alrededor de Ica. Hablando de Ica, tengo que hacer un post sobre las piedras de Ica, que son interesantísimas y tengo toda una colección de las fotos que hice en ese viaje…

      Un abrazo Julius, espero que todo te vaya siempre bien en estos tiempos de contrastes y cambios vertiginosos. 😉

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