Temazcal o la casa del vapor

Hay una serie de momentos en la vida que considero puntos de inflexión, instantes en los que recibo una intensa descarga de información desde el subconsciente, en forma de placer/dolor, que me cambian la visión con la que observaba la realidad hasta el momento. Son tiempos casi oníricos que, de desearlo, podemos dejar caer en el olvido y continuar con nuestra rutina diaria. En poco tiempo el recuerdo se va desvaneciendo y la información queda desechada en el abismo del inconsciente de donde salió. Hace dos semanas viví uno de esos momentos, y al transmitirlo en este blog espero que no desaparezca entre la niebla.

Hace seis meses llegué a Guadalajara, Jalisco, con la promesa de un trabajo en una prestigiosa multinacional. Como me encontraba en el paro y con ansias de aventuras en exóticos continentes, no lo dudé ni un instante, y me vine en el primer avión que pude después de la confirmación por parte de la empresa. Pero en un mundo globalizado todas las ciudades se parecen, al igual que las gentes que las habitan. El substrato cultural identitario sigue en el fondo de las personas, en su carácter, en su aspecto, en los nombres de las calles y en la arquitectura de sus edificios, pero no hay tanta diferencia entre vivir en Barcelona o en Guadalajara.

Hace cuatro años hice un viaje iniciático por el sur de Perú y el norte de Bolivia, de medio año de duración, en el que viví varios momentos de inflexión como el de ese domingo. Antes de venir sabía que había algunas experiencias que tenía que vivir en esta tierra mágica. Pero, tal y como aprendí en el desierto alrededor de la ciudad de Ica, la paciencia trae sus tesoros en el momento adecuado. De hecho todo pasa en el momento adecuado. Sin buscar demasiado activamente, las mejores oportunidades se abren en un colorido abanico si permanecemos con los ojos abiertos y el corazón presto a la acción.

La casualidad quiso que conociera a una persona muy especial hace unas semanas. Ella me dio la oportunidad de participar en un temazcal. Hace años leí sobre la ceremonia del temascal, cuando preparaba mi viaje a Perú, ya que en esos momentos no estaba seguro de si quería visitar Perú o México. En esa ocasión me decidí por Perú, pero el destino me ha brindado la oportunidad de vivir en la tierra mexica. Domingo fue el día en que viví mi primer – y sé que no será el último – temazcal. Mañana regresaré de nuevo a ese recinto sagrado donde las barreras comunicativas con el yo interior y los dioses se desvanecen en medio del vapor y del calor sofocante.

El Temazcal es un ritual catártico de unas horas de duración en el que sometemos al cuerpo a elevadas temperaturas en una especie de iglú hecho de diversos materiales a base de vapor de agua. La palabra temazcal proviene de las palabras Nahual temaz calli, literalmente casa del vapor. En ese caso la estructura de la casa estaba hecha de madera de sauce sagrado, y cubierta con mantas para no dejar pasar la luz del sol. En medio del pequeño recinto circular hay una cavidad donde se irán colocando las “abuelitas”, las piedras volcánicas que se han estado calentando en la hoguera por el dios del fuego. En el campamento donde fui había dos temazcales y tuve la oportunidad de participar en la construcción de un tercero. En cada temazcal cabían unas diez personas. El ambiente ente los participantes es de un completo respeto por los otros y por el entorno. Un gran círculo chamánico de ramas rodeaba los tres temazcales.
Antes de entrar en el círculo sagrado hicimos un pequeño rezo y fuimos fumigados con copal. Después se nos hizo entrega del polvo de tabaco con el que haríamos un saludo a cada uno de los puntos cardinales y sus espíritus. Una vez limpios pudimos entrar en el círculo mágico. Una vez dentro, hicimos el saludo a los cuatro puntos y dejamos caer el tabaco en la hoguera, momento adecuado para hacer la petición de lo que queríamos conseguir con la ceremonia.

Después los tres guías de los temazcales explicaron para los nuevos los pasos que seguirían en el ritual y sus significados. Hablaron de las cuatro puertas y de la intención con la que uno debe acometer esa catarsis. Poco a poco fuimos entrando en cada uno de los recintos a cuatro gatas, pidiendo en la puerta: ” ¡para todas mis relaciones!”. Algunos pedían también para las familias, pero me pareció más certero y general pedir para todas mis relaciones, las cuales ya incluían a la familia. Una vez dentro la gente se va situando en círculo de derecha a izquierda entrando por la izquierda y sin jamás pasar por encima del agujero para las “abuelitas”. De los tres temazcales, elegí entrar en el que la guía era una mujer, por mi relación especial con la diosa y porque así me lo decía el corazón.

Una vez que todos estuvimos sentados entraron las primeras “abuelitas” a la voz de: “¡medicina!”. Me crucé de piernas para estar en una posición tipo meditativa, para poder aguantar mejor el calor y propiciar un estado de consciencia adecuado. Mientras las abuelitas iban haciendo acto de presencia y la temperatura iba aumentando poco a poco, la chamán nos iba contando la ocasión especial que estábamos viviendo, en la que celebramos el cumpleaños de su nieta, que estaba presente. Todos la felicitamos, tanto a ella como a su madre que también participaba. ¡Que mágico y sincrónico! – pensé. Las tres generaciones de la diosa iban a celebrar mi primer temazcal. Agradecí a los dioses mi suerte mientras se cerraba la puerta y quedábamos en una casi completa oscuridad. Empezaron los cánticos y la guía roció con agua las piedras. El vapor emanó con fuerza de las piedras y la temperatura empezó a hacer su efecto. Tenía el cuerpo empapado en sudor y el respirar se hacía una tarea más difícil a cada nueva rociada.


Las participantes que eran mujeres fueron dejando la medicina herbal encima de las piedras, por lo que no sólo aspirábamos vapor sino medicina. Cada uno de los participantes fue pidiendo a las abuelitas ayuda para los seres queridos, contando sus problemas más profundos. No voy a rebelar nada de lo que escuché, pero si puedo decir que varias historias eran de lo más triste, y al escucharlas, junto a sus sollozos, se me hacía un nudo en la garganta.

Se acabó el agua y, justo cuando pensaba que ya no resistiría más el calor, la primera puerta se abrió. No sé si agradecí más la frescura de la temperatura o el aire en si que entraba por la pequeña abertura. Incluso la luz que entraba en la pequeña estancia se me hacía gloria. La ceremonia continuó con la entrada de nuevas abuelitas que hicieron el calor más sofocante y de nuevo la puerta se cerró.

De nuevo la música de los tambores siguió junto a las hermosas canciones de los participantes más veteranos, mimándonos en medio del calor. Una mujer anciana que estaba a mi lado empezó a sollozar y a decir en voz alta que no aguantaba y que quería irse, en un principio la reconforté acariciándola y dándole un ligero masaje de energía por su cuello y espalda. Dándole valor y animándola a seguir con la lucha. Parece mentira como uno olvida el propio dolor cuando ayuda a otros. Esta puerta fue dura y las historias que escuchaba entre canción y canción iban ablandando mi corazón. Acostumbrado a no mostrar nunca la debilidad me pareció lícito llorar de amor por la gente que tenía alrededor, con problemas reales y dolorosos, mientras que en mi suerte el dolor lo había casi desterrado de mi vida eligiendo mi camino. Cuando la puerta se abrió fue como tocar el cielo. Es interesante como funcionan estos rituales antiguos en el que se juega al límite de las fuerzas para sentir lo más natural, respirar, como un auténtico hito placentero. Este tipo de rituales que nos acercan al dolor y a la privación permiten que agradezcamos mucho más lo poco que tenemos. Avisé a la guía que la anciana parecía encontrarse mal y que quizás era mejor dejarla salir, pero me dijo que no me preocupara por ella, que se encontraba bien, y que me preocupara de mi mismo. Al principio me pareció un poco duro por su parte, aunque entendí que esos lamentos eran la manera en que la anciana aguantaba el ritual cada vez que participaba. La niña abandonó el temazcal en esta puerta. Después entró de nuevo para la quinta puerta que hicimos.


Cuando el dolor se hace casi insoportable, en este caso por calor y deshidratación, un mecanismo dentro de la mente me obliga a actuar con humor para espantar los miedos. Ante el peligro buen humor, me dice mi dios-niño interior, de manera que con una mueca que intenté que pareciera una sonrisa, sin ningún tipo de esperanza, dije: “Supongo que no se permite un vaso de agua en medio de la ceremonia, ¿no?”. Después, sumido en mis propios pensamientos, hundí la cabeza entre las rodillas ajeno a todo lo que me rodeaba. Una mano se puso en mi hombro y me encontré con un pequeño tazón de agua en las manos de una participante. Abrí los ojos con incredulidad y me acusé internamente por: a) haber deshonrado el ritual pidiendo agua y b) por haber hecho pública mi debilidad ante aquellos desconocidos. Estaba paralizado frente al vaso, no sabía si debía beber o no. Sólo tenerlo en frente ya era como si hubiera bebido de él. Como si hubieran escuchado mi lamento interior, los participantes me fueron agradeciendo el haber pedido el agua, puesto que todos estaban exhaustos y un tanto deshidratados. Era un tazón para los diez que estábamos allí dentro, y la mitad ya había bebido mientras estaba absorto en mi mundo interior. Mojé mis labios y mojé un tanto la lengua sin llegar a beber, por si aún tenía derecho a redención por parte del dios fuego.

El ritual se alargó tres puertas más, y un chico que pidió permiso para abandonar el recinto no recibió la aprobación. Que guía más dura- pensé de nuevo- pero me di cuenta que era por su bien. Cuando al final se abrió la quinta puerta no tenía casi fuerzas ni para gatear. Me había acurrucado respirando a ras de suelo para aguantar hasta el final. Lo había logrado, estaba orgulloso de mi. Me arrastré con un esfuerzo sobrehumano hasta la puerta, di las gracias y salí rebozado en la tierra que me había protegido del calor. Una vez a fuera nos abrazamos todos los participantes uno a uno y agradecimos de nuevo a los cuatro puntos con un nuevo tabaco que echamos al fuego. El inclemente sol de la tarde fue secando el sudor poco a poco. Después nos lavamos con unos barriles de agua al efecto y bebimos, y comimos celestial fruta que entró como manjar de los dioses.


Mañana tendré la oportunidad de participar de nuevo en esta increíble ceremonia de la antigüedad, y espero que los dioses me den el conocimiento para poder aprovecharla al máximo.
Ya sólo me quedan tres semanas para continuar el camino, y estos últimos tiempos están resultando mágicos y estoy conociendo a mucha gente interesante que me está abriendo los ojos para seguir las mejores rutas. Recibid un fuerte abrazo de este peregrino desde la tierra mexica, y que los dioses siempre os sonrían como me están sonriendo en estas fechas.

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11 respuestas a Temazcal o la casa del vapor

  1. joaco osses dijo:

    excelente articulo.
    soy nuevo en esto de los temazcales y sinceramente lo he encotrado muy interesante de un gran valor espiritual.

    • daegorth dijo:

      Saludos Joaco! Ometeotle compañero!

      Muchas gracias por dejar parte de tu energía en esta cueva de iniciación, siempre serás bienvenido a este temazcal virtual.

      Un fuerte abrazo y mucha luz. 🙂

  2. arturo de dios dijo:

    entrar al temazcal no es una competencia, haber quien aguanta mas,…. es eso… reconocer que no somos mas fuertes que la naturaleza misma y que somos parte de ella, dejarnos llebar por la medicina del temazcal a través del os elementos y la que se genera con los participantes, teniendo en cuenta que nada es personal.

    • daegorth dijo:

      Saludos Arturo,

      No sé que parte del texto te ha sugerido el concepto de competición. Precisamente, tal y como indicas, se trata de una comunión con uno mismo, con la tierra y con los demás participantes.

      Un fuerte abrazo, y gracias por acompañarnos con tus pensamientos en esta pequeña ermita.

  3. Aixa Guardia dijo:

    QUIERO ASISTIR A UN TEMASCAL EN FEBRERO, DESPUÉS DEL 22 y antes de 4 de marzo. favor mandarme iinformacion. Gracias

  4. CARMEN GONZALEZ OROZCO dijo:

    TLAZOHKAMATI por narrar tu experiencia. realmente vivir un temazcall es un bendicion del universo, que nos brinda la oportunidad de enfrentarnos a nosotros mismos y al mismo tiempo estar con nosotros mismos.
    OMETEOTL

    • daegorth dijo:

      Muchas gracias por tu comentario y apoyo, hermana. Cuando llegue de nuevo a tierras mexicas volveré a experimentar este intenso ritual que nos lega la antigüedad.

      Un fuerte abrazo!

  5. javieer gutierrez (yaomahutzin) dijo:

    hermano tengo temazcalli en toluca edo mex. mexico, estas invitado a tu casa, a compartir el conocimiento los cantos y la medicina, porque mexico y peru son parte de la misma cultura,espero visitarte, en un año apartir de hoy.buen camino cenka tlacsokamati nicanka.

  6. DAVID dijo:

    HERMANOS EN CHALCO ESTADO DE MEXICO Y ALREDEDORES EXISTEN VARIOS TEMAZCALES PARTICULARMENTE NOSOSTROS TENEMOS EN CASA Y ES PARA TODO PUBLICO SON TEMAZCALES DE TRADICION Y SANACION CON DURACION DE CUATRO HORAS ( PUERTAS ) Y COMO ALGUIEN COMENTA NO SON PARA COMPETIR QUIEN SOPORA MAS SON PARA TRABAJAR CONTIGO MISMO CON TU ESPIRITU Y DEJAR AHI TODO LO QUE NO TE SIRVA QUE TE DAÑE ES RENACER ES APRENDER A DAR SIN ESPERAR NADA A CAMBIO A AMARTE A TI MISMO A TUS SEMEJANTES A LA NATURALEZA NUESTRA MADRE TIERRA Y LOS ELEMENTOS QUE NOS DAN VIDA EL TEMAZCAL ES UN LEGADO QUE NUESTROS SABIOS ANTEPADADOS NOS EREDARON Y QUE DEVERIAMOS DE PROMOVER MAS PARA QUE NUESTRA CULTURA NO SE PIERDA

  7. miriam dijo:

    Buenas, este verano voy a Perú y me gustaría hacer un temascal allá, sabrían darme algún contacto?
    Gracias, Munay ❤

  8. Carlos moloy dijo:

    Hermanos tenemos un TEMAZCAL TERAPEUTICO en la Ciudad de Chihuahua, Chih, nos ponemos a sus ordenes en nuestro facebook CARLOS MOLOY ahi encontraran mas informacion, nos gustaria tener un contacto mas amplio con todos ustedes.

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