Empieza de nuevo el peregrinar…

Muchas cosas han pasado en estas últimas semanas… He vivido intensamente la despedida de Guadalajara conociendo, viendo, viviendo, sintiendo y soñando. Hoy dejo la empresa donde trabajaba para iniciar el viaje iniciático que se dibuja más y más claro a cada nuevo día. Vivo tiempos de reflexión, en los que dejo que la mente me ayude a encontrar las mejores soluciones para sortear este laberinto que es la vida. También hago uso de la meditación para no estancarme en la charca donde van flotando los pensamientos y así vaciar la mente para escuchar los ruegos que el corazón anhela.

La meditación es la herramienta que más me ha ayudado a la hora de aprender cómo moverme por esta vida. Me ha servido para diferenciar tanto aquello que me acercaba a la felicidad como aquello que me alejaba de ella. Me hubiera gustado que formara parte del currículum escolar, pero parece que no interesa que una técnica de cambio tan poderosa se difunda a la mayor parte de la población. La meditación, al igual que los enteógenos son peligrosos porque ayudan a percibir la realidad en su totalidad como algo que forma parte de uno mismo, o al menos, parte de la misma red fluctuante. En el estado normal de conciencia  se separa muy claramente el “yo” del resto, creando la falsa apariencia de separación y existencia propia. Mediante el “divide y vencerás”, el individualismo se ha filtrado en nuestra sociedad hasta enfermarla mediante el aislamiento de cada uno de sus miembros.

No es un aislamiento físico, ya que muchos nos hacinamos en megaciudades con un mínimo espacio de privacidad. Se trata de un aislamiento en la consciencia, donde permanecemos separados pese a estar rodeados de otras personas. Vamos construyendo una muralla contra el dolor y el miedo a través de los mems que nos han introducido desde la infancia a través de libros, televisión, revistas, películas, internet… Creo que el ser (humano o no) es bueno por naturaleza, pero el miedo lo va transformando poco a poco en un monstruo. El problema (al igual que la salvación) es el hecho de ser seres sociales permeables a los sentimientos ajenos. Los miedos son absorbidos desde la autoridad mal ejercida de la familia, la escuela, la empresa, la confesión… Pensar en la permeabilidad de las ideas más reaccionarias como la acusación y la culpa fue lo que me llevó a crear una pequeña filosofía de la felicidad en la que intenté plasmar el camino más sencillo hacia la felicidad. Sé que somos permeables a las ideas, y tengo la esperanza que algunas ideas puedan ser absorbidas y mejoradas por otros.

En posts anteriores hablé de mi posición frente a la idea de libre albedrío y destino. Las posibilidades que surgen de un instante al siguiente son tan infinitas como partículas y movimientos hay en el universo, pero nuestra consciencia temporal nos obliga a sentir sólo uno de esos caminos de nuestro supuesto ser. Como una máquina de tren que se mueve por su vía sin posibilidad de apartarse, la consciencia avanza por la vida del mismo modo. A veces, la meditación y los enteógenos nos permiten mirar por la ventana en algunas estaciones y ver los otros trenes con otros “yoes” mirándonos desde sus respectivas ventanillas. La consciencia se forma a partir de descubrir lo que no es ella, y los primeros meses de nuestra vida los dedicamos a descubrir los límites del yo. Los familiares son los primeros en nombrarnos y empezamos a creer que somos lo que ellos nombran. A medida que crecemos vamos descubriendo los límites de la vida social y las explicaciones ajenas sobre lo que somos como humanos y lo que se espera de nosotros. Ese esperar causa sentimientos de culpa debido a toda la programación recibida desde la infancia cuando no nos sentimos cómodos con lo deseado por las otras personas y emprendemos nuevos caminos de exploración del ser. Así como estamos aun en pañales en la exploración espacial pienso que, pese a toda la “tecnología” mística de las diferentes corrientes intelectuales y religiosas, también estamos en pañales en la exploración interior. Las diferentes escuelas iniciáticas que he conocido están formadas por hombres y mujeres que no han acabado de trascender las barreras del ser y se apegan a su vida mundana pese a los muchos avances en materia de cosmología, psicología, onirología, etc, que poseen. Grandes maestros como Gurdjieff o Osho, seguían viviendo apegados a maya pese a todas las instrucciones que dieron para sus discípulos.

Parece que si la gente se une en objetivos comunes es más sencillo edificar un edificio. Pero en el caso del misticismo y búsqueda del ser, creo que todo avance grupal es en vano. Caigo en mi propia farsa escribiendo esto en un blog que va a leer más gente. Quizás es que lo escribo para asentar mis propios conceptos mientras el ego se hincha orgulloso de saber que dichos conceptos interesan a alguien.

Mi nueva vida ha empezado al fin. He roto muchos de los lazos que me impedían crecer libremente estudiando aquello por lo que realmente decidí permanecer en esta vida. El estudio de la gnosis se me antoja el más fascinante de los caminos, y por ello he decidido comprometerme con dicha senda. ¿Qué somos? ¿De dónde venimos? Son preguntas que la filosofía y la gnosis han estudiado desde que la consciencia hizo aparición en el ser humano. Pero la clave creo que está en el concepto felicidad. ¿Qué es la felicidad? ¿Cómo podemos acceder a ella? ¿Cómo podemos permanecer en ella? Estudiando en nosotros ese concepto/sensación es uno de los caminos armoniosos que nos pueden ayudar a mejorar esta sociedad.

Durante muchos años fui un buscador de placeres, y de hecho me sigo considerando un hedonista en muchos aspectos, sin embargo creo que al sumar sabiduría a esa búsqueda de placeres aceptamos (tanto mi consciente como mis muchos “yoes”) el sacrificio como parte de un mayor placer futuro. Hay dos principios que guían al ser, que no son más que dos caras de la misma moneda. Esos principios son el placer y el dolor. El placer tiene su hijo deseo, mientras que el dolor tiene el miedo como vástago. El placer, el dolor, el deseo y el miedo nos hacen girar en una espiral en rápido movimiento que no nos permite Saber. Tantas sensaciones nos saturan de información redundante que no nos permiten acercarnos a la gnosis, el Saber. El conocimiento de uno mismo es la clave principal para ver no sólo quien somos realmente, sino donde estamos en cada instante. Andando es como percibo más partes de mi esencia, y como más me desengancho de las cadenas temporales impuestas por otros. El conocimiento de uno mismo, del Uno y del Infinito son los néctares que llenan la sagrada copa que persigo en sueños.

Espero no tardar mucho en postear de nuevo, pero en el viaje de mochilero  por México no sé hasta qué punto o con qué frecuencia podré transmitirte mi sentir. Aunque lo escriba con cuentagotas seguiré narrando mi peregrinaje hasta la iglesia de Eunate hasta acabar el cuento completo. Gracias por visitar de nuevo esta pequeña ermita, deja que comparta mi pan y mi agua contigo caminante. Con suerte un día cruzaremos los oscuros bosques que nos rodean y encontraremos el verdadero templo, la cueva del Grial.

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2 respuestas a Empieza de nuevo el peregrinar…

  1. Fer dijo:

    Buen viaje kerido amigo-noamigo, konocido-deskonocido.

    Muchas kosas por afirmar kontigo o para dar otro punto de vista, tampoko muy distinto, acerka de algunas de las kosas ke expones en este último eskrito, pero no me parece el momento…el lugar sí, sin embargo. Ya lo haré, mientras tanto gracias por el pan y el agua y prokura entrar en la ermita de vez en kuando.

    Talué&suerte…¿suerte?…bueno,nosésiseráesoloketehacefalta…
    peronunkavienemal.

    • daegorth dijo:

      Gracias por tus ánimos, Fer. No te cortes, hombre! Comenta todo lo que desees discutir, que así nos distraemos más y generamos más conocimiento! :p

      Voy a escribir ahora un post sobre la ceremonia de ayer… Fue absolutamente increíble. Me pongo ya mismo a escribirlo.

      Un saludo, compañero! Que tus cervezas nunca se enfríen y tus clientes sigan acudiendo felices a tu taberna a compartir sus visiones 😉

      Un abrazo!

      Daegorth

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