Cartas desde el paraíso II

Ha pasado una eternidad en la isla, y hoy por primera vez encuentro el tiempo y las ganas de compartir las experiencias vividas. No sé por donde empezar a relatar la historia, los amigos y amigas que se han cruzado en el camino, el increíble y surreal mundo submarino, la mística del Caribe…

Cuando llegué a Utila (Honduras) tenía la intención de quedarme unos cuatro días, pero la magia de la isla, sus gentes y sus arrecifes me atraparon. Me doy cuenta que tardaré bastante tiempo en abandonarla.

Como sabéis los que me habéis seguido hasta este post, uno de los motivos principales de este viaje era encontrar una manera alternativa de ganarme la vida que fuera más acorde con el espíritu aventurero que hierve en mi interior y a la vez no me alejara de la búsqueda vital por las respuestas a las preguntas de la gnosis. Bucear responde a parte de esa búsqueda. En palabras de mi instructor, es el “antideporte”, ya que por su respiración y movimientos se parece más a una meditación activa. El control de la respiración es fundamental, así como la eficiencia de los movimientos a la hora de evitar gastar más aire de la cuenta del tanque. Hay que ser muy consciente de la física del agua y de la presión que esta ejerce en nuestros tejidos, pero una vez interiorizado todo esto sólo queda el disfrute de volar por un “aire” muy denso en medio de criaturas que quitan el aliento por su belleza.

La visión subacuática puede ser un tanto desconcertante debido al comportamiento de la luz que acerca y aumenta los objetos, y a que la velocidad del sonido se multiplica por cuatro haciendo imposible determinar el origen del mismo. Pero esa nueva atmósfera te hace sentir en el espacio exterior, en un mundo extraterrestre. Las formas de vida como los gusanos, los corales y sobretodo las esponjas  te hacen sentir en una novela de Lovecraft, mientras que cuando menos lo esperas una manta raya pasa volando a tu lado sin inmutarse demasiado por tu presencia. La imaginaria huella de Cthulhu es omnipresente por todo el arrecife. Quizás la morena es el animal más lovecraftiano, junto a las medusas, los calamares y los pulpos.

Recuerdo cuando en el curso del advance open water me llevaron por primera vez al Hallyburton, un pecio de unos 100 pies de largo sumergido a unos treinta metros de profundidad para deleite de submarinistas, la sensación de completo asombro por la completa invasión de vida en la estructura de metal. La semioscuridad daba un toque siniestro que me hacía sentir entrar en un templo más que en un barco hundido.

La respiración también afecta a la flotabilidad neutra deseada en el buceo, lo que me recuerda mucho a las palabras de mi maestro onírico (Nando) sobre el arte del vuelo durante el sueño. Bucear y volar (al menos en sueños) no son dos conceptos demasiado alejados, y la respiración es clave para el control de la flotabilidad en ambos casos.

Aunque el mundo submarino es fascinante no hubiera disfrutado tanto si no fuera por la increíble familia que se ha hecho en el Paradise Divers, la escuela donde me certifiqué y los compañeros de Captain Morgan’s, la escuela donde trabajo desde poco después de acabar el divemaster. Gentes de todos los países unidos por el amor al buceo, al viaje, y algunos de ellos al misticismo. Lo mejor de esta familia son sus corazones grandes como sandías, buena gente liberada del mundanal ruido y del miedo imperante en la sociedad de consumo.

Mis cuerpos físico y emocional han sufrido una importante metamorfosis que debo agradecer al esfuerzo realizado día a día para ser un buzo feliz viviendo en esta burbuja de realidad onírica que es Utila. Como en el mundo exterior ocurren cosas malas, aunque la buena energía de las Bay Islands me han enseñado a agradecer aún más los dolores recibidos a cambio de la libertad de hacer lo que deseo, ayudar a los otros a ser felices. Mi trabajo enseña nuevos mundos llenos de belleza que permiten a la gente a soñar de nuevo, y a algunos de ellos replantearse sus caminos laborales. Brindar felicidad es algo que llena de dicha. Dice el refrán que no hay nadie tan rico como para no desear más y nadie tan pobre para no poder ofrecer más. Y este dicho se ha materializado en mi vida, con muy poco dinero he podido ayudar a muchos amigos de muchas formas distintas, llenando de felicidad mi corazón con cada una de sus miradas y sonrisas.

Mi viaje será reemprendido de nuevo en unos meses, pero de momento he encontrado una base sólida para planear los futuros movimientos en Centro América. Permíteme, viajero/a de la red, que comparta contigo parte de esta dicha en forma de letras y imágenes que puedan ayudarte a encontrar el rumbo que más te permita desarrollar tus talentos naturales. En la escuela/universidad/familia/empresa te privaron de muchos de tus dones, redescubrirlos día a día te acercará al dios/a que eres.

¡Que la luz de Sofía ilumine tus pasos junto a la belleza de Afrodita!

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4 respuestas a Cartas desde el paraíso II

  1. patricia aquino dijo:

    Hermoso mensaje como tu ser! querido Jordi! Y ciertamente brindaste a mi corazón felicidad, libertad, y estoy haciendo lo mismo aqui en Chiapas, GRACIAS, BENDICIONES, LUNA BLANCA

    • daegorth dijo:

      Saludos Paty!

      Bienvenida a esta pequeña cueva iniciática donde la luz aparece gracias a vuestros comentarios.

      Quiero que tengas en cuenta que no brindé nada que no estuviera ya en él; las semillas de felicidad y libertad ya estaban en en tu corazón mucho antes de que los dioses cruzaran nuestros respectivos senderos en un encuentro de luz. Te deseo toda la dicha en tu reestablecimiento en Chiapas. Gracias a ti, Lavadora, y a Libre por sus conocimientos transmitidos.

      Mucha luz, y un fuerte abrazo,

      Jordi

  2. aleliya dijo:

    hermoso… recien veo este post.. muy muy cierto.. cada palabra sobre esta isla ..
    besos jordi.. nos cruzamos por ahi

    • daegorth dijo:

      Besos Ale, muchas gracias por dejar huella en este apartado templo y por la luz aportada durante la estancia en la isla. Que los dioses crucen nuestro camino en el futuro. Un fuerte abrazo.

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