El Camino de la Locura

¿Qué es esa música que no deja de atormentarme en mi reposo? ¿De dónde proviene esa infausta melodía? El tambor sagrado de la Tierra se está sincronizando de nuevo con el latido de mi corazón. El tiempo empieza a acelerarse de nuevo. La llamada del Camino empieza a hacer mella en la muralla de seguridad donde me había refugiado estos últimos meses. Hasta en la más recóndita isla, este ángel oscuro, ha husmeado mi paradero para asegurarse que no me duermo en la larga noche de la autosatisfacción contemplativa.

La mente no tiene mucha importancia para el Loco, cuyos inconsistentes planes le arrastran de aventura en aventura. Este parece ser el destino del viajero, condenado a vagar por el mundo en busca del paraíso perdido que sólo ha podido vislumbrar en sus más delirantes visiones. Esa reminiscencia va resonando con un eco que adquiere nuevo poder día a día. Al principio es completamente inaudible, y el alma se permite su merecido descanso construyendo un hogar, un espacio centrado alrededor del fuego protector que nos insta a clavar la mirada en su luz, olvidando la oscura realidad que acecha más allá de su incandescente brillo.

Pero en la oscuridad del siniestro bosque es donde yacen las promesas de antiguos templos olvidados cubiertos de hiedra, cuyos tesoros esperan al incansable héroe para que los alcance. Esta noche la gran hechicera ha danzado con los lobos, ha susurrado a los espíritus y ha liberado el fuego de negras alas para perseguir hasta esta remota isla a aquél que parecía haber encontrado el reposo del hogar. La Diosa pide un sacrificio de sangre, y el guerrero debe enfrentar de nuevo su destino. No hay espacio para el miedo para quien anhela tomar en sus manos la sagrada copa, no hay verdadero reposo si la búsqueda no encuentra el objeto de deseo, el grial.

La protectora luz vernal ha pasado ya su cenit y se acerca a su crepúsculo otoñal. La cita anual con Saturno, señor del tiempo, se avecina con hambre atrasada. En octubre acudiré de nuevo al encuentro por trigésimo tercera vez. El escalafón numérico de reminiscencias masónicas me impele a seguir avanzando por la senda del conocimiento sin darme un respiro superior a dos estaciones. Llegué a Utila con la brisa de la primavera, y la abandonaré con las primeras ventiscas del mes de la Balanza. Extraña coincidencia que en el mes del equilibrio por excelencia sienta que debo saltar de nuevo al abismo de lo desconocido, esperanzado por adquirir el nuevo plumaje en las resplandecientes alas que me fueron reveladas en la iglesia templaria de Eunate hace más de trece lunas.

El mutable ego del Loco se ha ido transformando en maestro aprendiz; el Mago ha dejado paso a la luz de la Estrella que le marca un nuevo y difuminado camino hacia los sagrados templos olvidados aún por descubrir. La Rueda de la Fortuna va girando sin cesar y su chirriar va despertando a los dormidos, que poco a poco recuerdan su misión y el deber de no detener su avance. El corazón se inflama con las promesas de nuevas aventuras, tierras y gentes por descubrir. El tiempo del salto se acerca, el entrenamiento tanto físico como espiritual ha dado sus frutos, pero el Jardín de las Hespérides sigue siendo inalcanzable. Desconozco donde se encuentra el árbol del conocimiento, pero recorro la senda impávido venciendo a monstruos y demonios, aumentando el poder día a día. La mayor y más sagrada aventura es la que el héroe recorre desde la ignorancia hacia la sagrada Sofía, bella entre las bellas, dadora de luz y vida.

La aventura nos llena de dicha y de dolor, de encuentros inesperados y de curiosidad por el mañana. Los dioses acompañan al héroe a cada paso, y todo humano es una carcasa vacía donde el poder del Uno resplandece a medida que perdemos el miedo por mostrar el interior, transformando y limando la envoltura en el prístino cristal que proyecta poderosamente los siete haces de luz sin opacidades ni manchas de oscuridad.

Desde mi marchito hogar te saludo caminante, preparando mis menesteres para emprender de nuevo la marcha hacia la Gnosis, sin olvidar nunca que el fuego sagrado sigue resplandeciendo en nuestro interior calcinando impurezas en nuestro propio atanor. Alzo esta copa en honor al sagrado cáliz que algún día reposará en nuestras manos. ¡Salud y fuerza!, para vencer a los demonios que el Adversario pone en nuestra senda para asegurarse de que lleguemos a las puertas de Asgard teniendo el poder necesario para ser dignos invitados de honor en el gran banquete.

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4 respuestas a El Camino de la Locura

  1. ReV Eyes dijo:

    Que preciosidad de texto. Un abrazo

    • patricia aquino dijo:

      hermano, amigo alma, que crecimiento el tuyo a traves de este profundo e ilustrativo y enriquecedora experiencia que hoy nos comparte, me da gusto por ti, celebro contigo este peregrinaje, yo te acompaño y yo te bendigo! un abrazo y mi alma te abraza.. desde el corazon de chiapas, con amor y alegria patricia

  2. daegorth dijo:

    Creo que la belleza que percibes no es la del burdo texto, sino de lo que emana del corazón, como siempre. Las palabras se las lleva el viento, mientras que la energía que estas transmiten nunca cesa de transformarse en una espiral sin fin.

    Gracias por existir, hermano. No vivimos en mundos tan separados. Un fuerte abrazo.

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