Rebobine, por favor – Primera parte

Algo en mi interior me dicta que debo empezar a compartir las experiencias del viaje contigo de nuevo. Lo dejamos todo cuando estaba en Bocas del Toro, Panamá. Ahora debería encontrarme en Colombia o Ecuador, pero estoy sentado en un cybercafé de Ciudad de Panamá. ¡Nadie diría que he cruzado 12 fronteras desde el último post!

Silvia, una amiga que conocí en San Juan del Sur, Nicaragua,  vino a Bocas para continuar su viaje hacia Sur América , y aunque desde hace años soy muy reacio a mantener ningún tipo de relación más o menos duradera con nadie más que mi locura, parece que los dioses tenían otros planes. Así pues decidimos seguir el viaje juntos por un tiempo hacia el Sur, puesto que nuestros caminos coincidían y los sentimientos acompañaban.

Durante todo el mes de febrero estuvimos ahorrando en Bocas gracias a trabajar de divemaster para Dutch Pirate y el empleo de danzante de fuego por las noches en el Bambú Beach Restaurant. Pero ya llevaba tiempo en Bocas y deseaba avanzar viaje, por lo que decidimos dejar la isla Colón a principios de marzo. No es fácil dejarlo todo cuando tienes una rutina económica segura, pero cuando más veces lo haces, más sencillo resulta.

Así fue como llegamos a Ciudad de Panamá con la ilusión de cruzar hacia Colombia, por la ruta de Puerto Obaldía, Capurgana, Turbo y finalmente Cartagena. El mismo día que salíamos de Bocas los problemas políticos entre el gobierno de Martineli y los indígenas Kuna habían provocado que los últimos cortaran toda la Panamericana, por lo que nos quedamos una noche durmiendo en David.  El día siguiente, un viernes, llegamos a la ciudad. La primera noche buscamos alojamiento en el hostel Miami, del cual ya nos habían dado referencia otros viajeros, pero resultó ser más caro y con menos prestaciones que otros hostels de la zona, por lo que sólo pasamos una noche en él. Como tenía ahorros ese día no trabajé, pero salí a ver el panorama por el casco viejo, buscando los restaurantes con terraza donde podría hacer danza de fuego la siguiente noche. La primera impresión de la ciudad después de tanto tiempo por paraísos era de sitio donde ganar plata era sencillo pero que a la vez era un apestoso agujero con ritmo infernal, demasiada gente, ruidos, humos…  Al cabo de tres días marchamos a Portobelo en busca de un carguero que nos acercara a nuestro destino.

¡Que bello es Portobelo! Los dos fuertes y el Castillo de San Felipe vigilaban silenciosos el mar en busca de los desaparecidos piratas. Los inmensos cañones jalonan los fuertes, cañones con un pasado glorioso, colosos defensores del puerto. Mientras los acariciaba podía sentir a los soldados del rey gritando órdenes para rechazar los continuos ataques de los piratas ingleses. La hierba había tapizado el suelo de los fuertes y el castillo, trayendo paz al recinto marcial.

Mientras deambulábamos por el actual puerto de pescadores conocimos a Batiste, un joven francés que también quería seguir la ruta marítima del Caribe, y entablamos una buena amistad. Él nos presentó a Damián, un joven argentino que estaba cruzando américa en una moto Honda de 125 cc, toda una proeza. A lo largo de la tarde fuimos conociendo a más y más compañeros de viaje, y al final del día ya éramos un grupo de nueve personas. Un francés, dos españoles, una guatemalteca, un argentino, dos mexicanos y dos alemanes. Decidimos acampar en una casa abandonada del pueblo, pero un chico local, apodado Tres Puntas nos dejó instalar en el patio de su casa, que era más seguro. Celebramos la reunión con algunas cervezas.

Al día siguiente nuestros sueños se enfriaron un tanto al esperar por varias horas que apareciera alguno de los capitanes de los cargueros que esperaban en la bahía. El primer capitán que encontramos nos permitía viajar con él por 50 $ cada uno, pero el barco salía la semana siguiente. Así pues esperamos unos días más a ver si había opciones de viajar antes con otro. Al final todos los barcos salían la semana siguiente, por lo que resolvimos volver a la ciudad a esperar la salida de los barcos y encontrarlos en Cartí, un puerto más cercano a Colombia. Además en la ciudad, aunque la estancia era más cara, ganábamos dinero, mientras en Portobelo solo podíamos perderlo poco a poco esperando. Esta segunda etapa en la ciudad fue más placentera, puesto que ya conocíamos donde comer, dormir y trabajar, mientras que la primera vez anduvimos con las mochilas unas quince veces arriba y abajo por la calle llamada Peatonal. Damián se quedó en Portobelo, mientras que el resto vinimos a la ciudad. Los demás se hospedaron también en el hotel Caracas, que nos salía a unos seis dólares por persona y noche. Nos reuníamos cada día para compartir las noticias que nos daban los capitanes, pero estas eran cada vez más desalentadoras posponiendo por semanas la salida de los cargueros. A nosotros no nos importaba mucho ya que cada día de estancia en la ciudad significaba un poco más de ahorros para nuestros bolsillos pero a los compañeros se les acababa la paciencia. Buscando alternativas más caras fueron marchando uno a uno, hasta quedar sólo Silvia y yo en la ciudad. Seguíamos llamando a los capitanes, hasta por fin recibir la confirmación, el lunes salía el carguero y lo podíamos abordar el martes en Cartí.  Después de estar dos meses conviviendo con una chapina, que me hablaba de los encantos de su tierra, y viendo que el cruce de Panamá a Colombia era complicado y era improbable que lo volviera a cruzar en mucho tiempo le planteé de ir a Guatemala y después volver a bajar a continuar ruta. La verdad es que cuando salí de México corrí sin parar hasta caer en Utila, y no pude disfrutar de Guatemala. Ahora tenía la guía perfecta y una buena excusa para conocer tan interesantes tierras. Al día siguiente ella escribió los nombres de Guatemala y Colombia en un papel y los metió en una bolsa, dejando que el destino hablara. Así fue como acabamos con una nueva meta hacia el norte, rebobinando más de un año de viaje por Centro América.

Recogimos nuestras pertenencias y nos dirigimos a la estación de autobuses, para agarrar uno hasta la frontera. Desde allí seguiríamos en raid, subiendo en los impresionantes trailers que viajan por estas latitudes de las Américas.

Hasta aquí la primera parte del rebobinado,  deseo que los dioses siempre te cuiden como mereces.

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10 respuestas a Rebobine, por favor – Primera parte

  1. Marta i Marc dijo:

    Jordiiii, quina alegria llegir el teu post! Si siii segueix explicaaaant 🙂
    Som el Marc i la Marta, el catalans de Quepos. Nosaltres al final vam allargar 2 mesos més el nostre viatge, a un total de 6 esplèndits mesos que ens ha omplert els nostres cors d’experiències de tot tipus, i que que ja per sempre, corren per les nostres venes*
    M’encanta saber que el teu cor et guia tant i tant bé!! Una abraçada de part dels dos, plena d’alegria***

    • daegorth dijo:

      Hola Marta i Marc! Vau fer molt bé d’allargar una mica el vostre viatge! Un cop has lluitat tant a la ciutat per poder passejar pel paradís, és millor gaudir-ne una mica més de temps encara que sigui a costa d’estalvis. Com molt bé dius, els records són per sempre més!

      Rebeu una forta abraçada i la millor de les energies! Us porto al cor i a la motxilla amb mi! 😉

  2. V dijo:

    Reactivación del blog! Mooooola. Abrazote

  3. Patty Lau dijo:

    Allí es posible visitar más de playas de todos los estilos. Algunas poseen fuertes olas, ideales para la práctica de surf; otras están en ensenadas protegidas, con aguas sumamente tranquilas. De todas formas, hay características que se respetan y se reproducen en todas: el mar con una atrayente verde transparencia, con temperaturas cálidas y arenas refinadas.

  4. Calle llamaDA Aventura, por una esquina dando vuelta el tarot de lo que significa a lo que es.

    Aprendi algo con tus palabras, que sigan tus pasos a nuevos posts en spots cn wifi hifi rootz boy. Suerte

  5. Kaia dijo:

    Si! Ya recuerdo!
    He leído tus viajes!!
    Qué lindo.
    Te lo agradezco.
    En cierto modo acercas esas experiencias y vivencias a quienes te leemos y al menos por un ratito es como haber andado por ahí!!
    Y queda ese aire de cumbres o ríos o lo que sea en nosotros, nos renueva!!!
    Gracias!!

    Me siento tan identificada con esa forma de vida que me hace bien escuchar a los viajeros!! Si no fuera que tengo dos criaturitas me iría a andar por ahí me parece también!!

    Saludos!!!

    • daegorth dijo:

      Jajaja Sí, tuve mucha suerte de emprender el viaje antes de optar por el camino de la familia. Ambos son hermosos, pero mi espíritu funciona mejor con el camino andado. 😉

      Un fuerte abrazo para ti y tu familia!

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