El fin del mundo se acerca y yo sin actualizar el viaje…

Sería una pena que ahora que el supuesto fin del mundo se acerca no dejara una última impresión de los avances del viaje.  Sé que hace medio año que no escribo por aquí, pero si sirve de excusa estaba viviendo la vida al cien por cien, conectado con mis pies en la Tierra con los ojos en lo Alto.

A ver donde dejé las cosas… Uf! Fue en Panamá y encima dirigiéndome de nuevo para el norte! Supongo que me toca relatar un tanto el viaje… Pues, como te decía en el último post, empecé a viajar acompañado de Silvia, una chica metalera guatemalteca (chapina). Nuestra intención era cruzar a Colombia, pero después de esperar un carguero por más de tres semanas le propuse ir hacia sus tierras, ya que en su momento las pasé corriendo hasta que me encallé en la isla de Utila, en Honduras.  Como le dejé el peso de la decisión a ella, ella lo dejo al destino, ponendo dos papelitos en una bolsa, uno con una G y otro con una C. La mano inocente sacó la G y así fue como emprendimos viaje para sus tierras. No teníamos mucho dinero, por lo que después de agarrar un bus a la frontera con Costa Rica fuimos subiendo en autostop hasta guatemala. Por Centroamérica es muy sencillo viajar a dedo parando los trailers en las fronteras. Así fue como llegamos a la Ciudad de Guatemala, a casa de la familia de ella. ¡Uy como me salto cosas!

Cuando estábamos pasando la frontera de Honduras con Salvador, después de sacar los pasaportes y sellarlos, nos pusimos a buscar un camión que nos acercara a Guatemala. Era ya oscuro, debían ser las 21:30, y sólo había un camión aparcado en la frontera. Como la matrícula era de Guate decidimos que ella iría a preguntar para el posible “ride”. El camionero nos dijo que él no tenía problema, pero que tenía que llevar a una familia (padre, madre, bebé) para allá, y que si ellos no tenían inconveniente nos llevaba. Al cabo de unos minutos aparecen y nos dicen que no había problema, de manera que nos dirigimos para el camión. De camino al trailer me sorprendió que el señor sostuviera entre un monton de papeles una cartera artesanal idéntica a la nuestra,  y le dije jovialmente: Que bueno! Yo tengo una cartera igual a esta! Buscando entre mis cosas vi que había desaparecido. Abriendo los ojos como platos, palideciendo y sudando sudor frío le dije que la había perdido, a lo que él me contestó que se la encontró en el suelo de la cabina para sellar pasaportes. Nisiquiera había abierto la cartera, por lo que cuando le dijimos lo que había en el interior (350 dólares y una tarjeta de débito a nombre de Silvia) nos la devolvió sin reservas. Durante las dos primeras horas de ese viaje en camión estuve en estado de shock, pensando en el milagro que había ocurrido. Hay cadenas de casualidades que superan la ficción. Todo nuestro dinero (error nuestro) estaba en esa cartera, que cayó en el suelo de una frontera, fue recogida justo por la gente que iba a subir al camión al que pedimos “ride”… Ahora imaginemos, que el camionero hubiera dicho que no subiéramos, no habríamos conocido a la familia, estaríamos tirados sin un peso en la frontera de Salvador, etc. Sea como sea, hasta el día de hoy lo veo como un milagro.

El camión nos dejó en la carretera a dos horas de la capital, por lo que subimos a un bus y llegamos hasta la casa de la madre de Silvia. El mes que pasé en Guatemala fue muy querido, puesto que la hospitalidad de los chapines me hizo sentir como en casa, de hecho mejor que en casa. Visitamos Antigua y el lago Atitlán, compramos piedras, alpaca, y empezamos a crear joyas artesanas de más calidad que los simples aretes. Bajamos de nuevo a Panamá, donde nos alojamos en un apartamento por 300 dólares al mes y nos quedamos un par de meses. Las artesanías se  vendían a un precio muy bueno y dejé con el tiempo de hacer danza de fuego, puesto que el dinero que ganábamos era suficiente. Recuerdo una vez que recibí una propina de 100$ por hacer un show de fuego donde se encontraba cenando un importante diputado de la oposición… Esta vez decidimos ir en avión hasta la frontera en Puerto Obaldía y de allá dirigirnos a Capurganá (Colombia) en lancha. El vuelo salía por 90 dólares y salía en dos semanas más por lo que aprovechamos para ahorrar y seguir aprendiendo con las artesanías.

Con un poco menos de mil dólares dejamos Panamá por la zona del Caribe panameño, la zona de los indios Kuna. Puerto Obaldía es un minúsculo pueblo portuario precioso. Allí Subimos a una lancha de unos chicos colombianos a cambio de ayudarlos a subir dos máquinas de fabricar helados. La diminuta lancha parecía que iba a volcar a cada ola, pero al cabo de 45 minutos llegamos sin mayores problemas a Sapsurro donde descargamos las neveras y de allí nos dirigimos a Capurganá. La travesía es de 15 dólares, pero gracias a la ayuda nos cobró sólo siete. Nos quedamos en Capurganá durante una semana, puesto que es un auténtico paraíso, uno de los lugares que más me gustó del viaje. El problema es que al ser un pueblo de frontera la migración causa muchos problemas a los artesanos. Así pues decidimos ir a tierra firme, a Turbo (horrible ciudad portuaria que saltamos sólo al llegar). El viaje en lancha cuesta 30 dólares. Nos fuimos directos a Medellín en bus.

¡Como amo las tierras antioqueñas! Aunque he conocido muy buena gente en todas partes no dudo en afirmar que las gentes más amables que he encontrado a lo largo del camino són los ciudadanos de medellín. Quiso el destino que fuéramos a la zona del parque Lleras a buscar hostel barato. Ya instalados en un hostel, fuimos al parque Lleras para ver como estaba el “parche” (es decir la venta ambulante de artesanías), y allí nos encontramos con Diana y con Oscar , dos amigos que hicimos en Panamá. Ella es española y divemaster, viniendo también de Utila bajando poco a poco, y él es su pareja, un artesano y tatuador colombiano. La sorpresa del reencuentro nos hizo celebrar la ocasión esa noche. Una linda bienvenida a la capital antioqueña.

El día siguiente fuimos a otro hostel más barato, y la dueña, Maydde, nos comentó que necesitaba ayuda, a lo que no tardamos en proponerle de trabajar de voluntarios. Ella nos dio unos 300 $ al mes para ayudarla con todo lo posible. El hostal se llama Casa Maydé, por si pasas por esa hermosa ciudad.  Pasamos un buen mes y medio en Medellín, pero el camino llamaba y decidimos ir hacia el sur, hacia el eje cafetero. Ay! Me dejo de recomendarte ir al parque Arví en la montaña atrás de Medellín, justo al lado de la ciudad, al que se puede acceder por el metrocable, un teleférico desde el que disfrutarás de las mejores vistas de la ciudad y los bosques aledaños.

Pues lo dicho, nos dirigimos hacia Salento, precioso pueblo de montaña que nos recibió con alegría. Al ser un pueblo de artesanos no es un sitio fácil para “parchar”, pues las autoridades velan por los artesanos (revendedores realmente) locales. Estando en Salento andamos unos 9 kilómetros para ir al parque de Cocora, para ver supuestamente a las palmeras más altas del mundo. No sé si son las más altas pero son impresionantes… De Salento me llevo el recuerdo de los militares que nos invitaron a comer de su rancho en su campamento en lo alto del monte. El rancho estaba bien rico, y me hizo gracias que me dejaran entrar en el campamento donde prohibían la entrada de todos los que no fueran militares. Allí me quedé platicando con ellos mientras silvia seguía en el “parche”. Al volver me di cuenta que dos policías y un señor de la municipaliodad la estaban echando del puesto, por lo que me acerqué para descubrir como los ciudadanos de Salento discutían copn los policías para que nos dejaran parchar. Es la primera vez que veo a la gente del pueblo defendiendo a los artesanos itinerantes.  Colombia la llevo en el corazón.

De Salento nos fuimos para Pasto y de allí cruzamos a Ecuador. Sé que es un país precioso pero para nuestra desgracia las cosas nos nos salieron muy bien por esas tierras, empezando por la entrada, que fue deplorable. Habían en la frontera al menos cien personas, para sólo tres oficiales. Pero lo bueno es que llegó mediodía y dos se fueron a comer dejando a un solo oficial para sellar a todos. ¡Cuanta incompetencia! De allá nos fuimos a Otabalo (decepción), de allá a Guayaquil (interesante ciudad) y de allí a Montañita (mayor decepción aunque conocimos a rtesanos y viajeros super buena onda). Decidimos irnos raudos para Perú, aunque debido a que mi compañera es de Guatemala le piden visa en todas partes. Así pues pasamos una semana en Huaquillas (frontera con Perú),  y finalmente accedimos a la tierra por la que hice todo este viaje.

Perú fue increíble, desde su entrada mágica en la que vimos saltar cinco veces a una ballena mientras nos dirigíamos a Máncora, como la estancia en Máncora. Que cambio en las caras de la gente de las tiendas o locales (¡sabían sonreir!), esa fue la primera noticia de que ya nos encontrábamos fuera de Ecuador. He encontrado gente maravillosa de Ecuador a lo largo del viaje, pero mi experiencia en el país, después de la acogida de Colombia fue decepcionante.

Pasamos un mes en Máncora, precioso pueblo y playa y sol y comida… ¡Que comida! Sin duda Perú es el país que más me agrada a nivel gastronómico de todos los que he visitado por América.

De máncora bajamos directos a Huacachina, Ica, poniendo fin a la promesa de llegar a esa tierra antes del 21 de diciembre de 2012. Huacachina, como siempre, fue un lugar mágico, donde reencontré viejos amigos y su hospitalidad fue de gran ayuda. En el desierto hice la ceremonia del San Pedro por segunda vez en mi vida, la cual fue maravillosa gracias a la multitud de miedos que ya había expulsado de mi ser durante estos dos años.

Después de Huacachina fuimos a Arequipa, finalmente Puno (en el lago Titicaca), y de allí cruzamos a Bolívia, no sin previa petición de visa. Nos dieron un mes de visa que hemos aprovechado parcialmente en Copacabana, después corriendo para la Paz, Oruro y finalmente Oyuni, desde donde te escribo estas apresuradas lineas.

Bolivia nos recibió fríamente, pero Uyuni, ha sido como un paraíso donde la gente es abierta, las ventas funcionan de maravilla y el clima es fabuloso. No me importaría acabar viviendo en bolivia en un futuro lejano…

De aquí nos dirigiremos a Córdoba, donde unos amigos argentinos que conocimos en Huacachina  nos ofrecieron hospitalidad.

Siento el poco detalle del relato y los muchos saltos, pero es que había demasiado que contar y no tengo mucho tiempo de conexión. Un fuerte abrazo y recuerda que puedes vivir tu propia vida-aventura abandonando los miedos poco a poco! Que los dioses siempre miren por ti!

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19 respuestas a El fin del mundo se acerca y yo sin actualizar el viaje…

  1. uno dijo:

    te espero !! un abrazo- Uno

  2. Evolet dijo:

    Qué bueno, me transmitiste toda la emoción con solo leerlo!!! Van a andar por Córdoba, yo estoy en Santa Fe. Al ladito de Córdoba!!! Saludos y que tengan buen viaje!!!

  3. marta47 dijo:

    Qué bueno! ya estaba pensando que te habías desaparecido…y en realidad estabas viniendo hacia acá! Bienvenido!

  4. Nen, necessito un mapa ja amb tant de moviment ^^ felicitats el fet que et vagi tant bé 😀

  5. Fer dijo:

    No cabe duda, con este peregrino van varios trozos de corazones.
    ¡¡¡Qué puntazo lo de la cartera!!!, menos mal, jajjj…a veces pasa.

    Talué

  6. Patricia Aquino dijo:

    Como bien dicen tus amigos, Jordi, que también disfrutó tu viaje a través de tu relato,, y bueno no sé si celebraís estas fiestas navideñas, el año nuevo maya!! asi que mil bendiciones como tiene el cielo sus estrellas,,un abrazo ..ahoooo!! Patricia desde el corazón de la selva chiapaneca!!

  7. daegorth dijo:

    Hola Marta! Estoy en Salta! En unos días te mando email, que ya estaré por Córdoba! 😉

  8. daegorth dijo:

    Disculpas a todos los amigos Argentinos que no he podido visitar. Hemos abandonado Argentina y cruzado Bolivia, y ahora nos encontramos trabajando por unos meses en Cusco… Gracias a todos por vuestro apoyo!

  9. Aleli Ya dijo:

    orale no habia leido esto… me encanto 😀 y que lindo que lo cuantes… me das ganas de mandarme nuevamente por los maravillosos caminos latinoamericanos

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